Dr. Antonio Monclova Bohórquez

No a la guerra: un eslogan que solo favorece al gobierno

En principio todos estaríamos en contra de las guerras, pero lanzando el eslogan del “no a la guerra” lo que pretende el gobierno es presentarse ante los ciudadanos como el principal garante de la paz.
Pancarta del NO a la guerra en la sede del PSOE de Jaén.
Pancarta del NO a la guerra en la sede del PSOE de Jaén.

Siempre he pensado que a nadie le gusta que se produzcan guerras y seguramente casi todo el mundo estaría de acuerdo con las soluciones diplomáticas, no creo que haya quien reniegue por sistema de la expresión “no a la guerra”. Pero lo cierto es que, a pesar de ello, hay sectores de la política que utilizan el “no a la guerra” como un eslogan que, al parecer, les otorga un aura de pacifismo y, porque no decirlo, de superioridad moral frente a los que simplemente no lo han dicho. 

Es algo parecido a ese juego infantil en el que dos niños compiten a ver quién dice algo primero y el que lo hace adquiere una especie de derecho o primacía sobre lo que sea, mientras que – por algún motivo misterioso – el otro no puede estar de acuerdo con lo dicho y simplemente tendría que decir otra cosa, preferiblemente la contraria. Ya saben, eso de “yo lo he dicho antes”.

A mi entender, la apropiación y reiteración de eslóganes de perogrullo como “no a la guerra” o “no al asesinato de mujeres” no añaden ni quitan nada a una realidad más que obvia: nadie quiere guerras y nadie quiere que maten mujeres. En el caso de las guerras en general es extremadamente raro que alguien esté a favor de ellas, aunque en ocasiones sean impuestas por motivos derivados de determinadas actuaciones humanas

Así, acontecimientos tan deleznables como la invasión de un país o la matanza de su población, pueden desembocar en conflictos armados que difícilmente se pueden impedir por vías diplomáticas. Aunque el hecho de que se produzcan estas guerras no implica necesariamente que gusten a alguien, ni siquiera a todos los que participan en ellas. 

En principio todos estaríamos en contra de las guerras, pero lanzando el eslogan del “no a la guerra” lo que pretende el gobierno es presentarse ante los ciudadanos como el principal garante de la paz y hacerles ver que quienes se le oponen políticamente apoyan que continúe la guerra. 

Para conseguir esto el gobierno aplica las reglas del juego infantil que mencioné y, como “ellos dijeron primero “no a la guerra”, los políticos de la oposición quedan excluidos del eslogan. Sin duda la maniobra es burda pero la única opción que deja a la oposición es apoyar el eslogan y de paso las medidas que el gobierno adopte entorno al mismo, incluidas las que amenazan con aislar al país de sus aliados. En este juego de manipulación, quien no se sitúe junto al eslogan estaría a favor de la guerra y en el lado bueno quedarían el gobierno, sus adláteres y sus posibles votantes. El viejo truco de “a favor de lo bueno y en contra de lo malo” llevado a su expresión más retorcida.

No logro olvidar las imágenes (que por desgracia vi) en las que el gobierno iraní masacraba brutalmente a miles de ciudadanos en las calles y los remataba en los hospitales, solo por pedir libertad. ¿No a esa guerra? No a la dictadura que intentan imponernos. Fuerza y salud.