Dr. Antonio Monclova Bohórquez

El rey desnudo y su sequito de ladrones

El resultado es que dentro de la corte todos fingen admirar el traje del rey por miedo a parecer tontos, hasta que la realidad queda expuesta cuando un niño inocente grita la verdad en un desfile. 
Pedro Sánchez. | EP
Pedro Sánchez. | EP

Durante años (que ya lleva muchos gobernando) he oído repetidamente que nuestro presidente es un narcisista con ansias de poder y que por eso ha estado haciendo lo posible y lo imposible por permanecer en su cargo. Muchos veían en eso una explicación de la obstinación del presidente y es probable que en parte fuese así, pero ahora sabemos que existía otro motivo de gran peso y de unas connotaciones que van mucho más allá de una personalidad ciertamente vanidosa y ansiosa de protagonismo. Lo cierto es que la otra explicación resultaba demasiado simplista y sin duda ocultaba algo íntimamente unido al poder: lo que el poder ofrece a quien está dispuesto a beneficiarse sin miramientos. Pero pocos sospecharon hasta donde llegaba el asunto. 

Siempre me he preguntado si la vanidad fue lo único que movió al rey desnudo del conocido cuento El traje nuevo del emperador, en el que Andersen narra cómo unos estafadores convencen a un rey de que ellos pueden tejerle un ropaje que resulta invisible para los ineptos. El resultado es que dentro de la corte todos fingen admirar el traje del rey por miedo a parecer tontos, hasta que la realidad queda expuesta cuando un niño inocente grita la verdad en un desfile. 

Si el caso del engañoso y manipulador traje del rey del cuento hubiese sido el mismo que el de los engaños y manipulaciones perpetrados por nuestro presidente, hace ya tiempo que este habría dejado de pactar con quienes no debía y de promulgar leyes injustas que solo sirven a sus intereses. Él habría dimitido y convocado elecciones, mientras que sus votantes habrían dejado de fingir que lo apoyaban para aparentar progresismo o por miedo a parecer fachas.

Pero lo cierto es que nuestro presidente no es un vanidoso rey que se pavonee desnudo ante sus súbditos, sino alguien que conscientemente relata a los votantes la historia de que, sin él enterarse, unos supuestos estafadores de su entorno y del de su partido lo habrían traicionado para poder beneficiarse. Al final va a resultar que el presidente no sabía que su traje de gobernante progresista, feminista y eco-resiliente estaba tapando supuestamente a una trama de corrupción organizada por una banda de delincuentes integrada por personas de su máxima confianza

Actualmente la historia del cuento de Andersen es aplicable a escenarios donde el poder, los medios o la sociedad actúan bajo una ilusión, hasta que la verdad termina por revelarse y deja "al desnudo" a los responsables. Señala situaciones donde la verdad es obvia para todos, pero nadie se atreve a verbalizarla, como en las crisis políticas, económicas o sociales, donde se ignoran problemas evidentes y solo unos pocos ciudadanos le gritan al rey que va desnudo. Los españoles no estamos ante el resultado del comportamiento caprichoso de una persona, sino ante las consecuencias de un saqueo organizado. No al control político de la Justicia. Fuerza y salud.