Dejadme el balcón abierto

El dolor, que hiela las entrañas, presiona fuertemente el pecho, la garganta, las sienes...

Si muero, dejad el balcón abierto” (Federico García Lorca).

El dolor, que hiela las entrañas, presiona fuertemente el pecho, la garganta, las sienes, la palabra. Dan ganas, sin ganas de nada, de no volver a pronunciarla. Cuando todavía no sabíamos muy bien hacia dónde conducía la última fase de la desescalada, la peor de nuestras pesadillas colectivas, después del terrorismo, antes del Covid-19, la violencia machista, se cobraba tres víctimas inocentes, madre y dos hijos, a primera hora de la mañana de ayer, en Úbeda. El impacto traumático de la noticia en la aparente apacibilidad de un domingo de primavera-verano de tímida apertura de las piscinas y de los ojos a la vida renacida, dejó mudo al cronista hasta sumirlo en la más absoluta incapacidad expresiva. No hay palabras para reflejar tamaña tristeza, tanta indignación, semejante desesperación. Compilo tal cúmulo de información al respecto, obligado por el ejercicio de la profesión, que el radiante cielo azul se me antoja intensamente gris y el canto de los pájaros una letanía de plañideras amateurs. 6 personas fallecieron por coronavirus en Úbeda en el transcurso de la pandemia. 4 vidas segadas, en un solo golpe de sangrienta irracionalidad por quien se creyó dios y dueño de la existencia de su mujer, María Belén, y de sus hijos, Adrián e Iván. ¿Todavía sostendrá el negacionismo bárbaro que la violencia machista no mata en magnitud similar, o superior, a una pandemia o a una plaga bíblica? Me conmueve la consternada reacción de las comunidades educativas donde estudiaban los dos hermanos, de 11 y 17 años, el último curso de primaria del colegio ‘Sebastián de Córdoba’ y el primero de bachillerato artístico de la Escuela ‘Casa de las Torres’. El conocimiento de la tragedia en Villacarrillo, localidad natal del autor material, residencia de la pareja y sus críos hasta hace unos meses, en plena celebración eucarística de su idiosincrásico Corpus Christi, conmociona hasta decir ‘¡¡¡basta!!!’. Apenas horas más tarde de diez jornadas de duelo en todo el país por los muertos de la pandemia, tres días más de luto oficial en ambas poblaciones. Banderas a media asta, crespones negros, dudas e incertidumbres a una semana vista del fin del estado de alarma.

De la fase 3 a la nueva realidad, el vértigo competencial hace sentir sus efectos en la toma de decisiones de los gobernantes autonómicos. Ahora, prima el freno. Vísteme despacio. Algunas comunidades ya prefieren posponer la autorización para que sus ciudadanos puedan desplazarse a regiones colindantes. Nuevo rebrote de coronavirus en China: el país asiático acumula la cifra de contagios más alta en dos meses. No es cuestión de que la presión auspicie la precipitación. La delegada de Salud y Familias, Trinidad Rus, en ‘Micrófonos para la esperanza’ de Diez TV, descartaba que los positivos confirmados durante la última semana en el triángulo Linares-Bailén-La Carolina se deban a un posible rebrote. En la semana que nos conducirá a la nueva realidad (la nueva normalidad es una boutade de la que conviene prescindir cuanto antes) habrá que seguir analizando el Real Decreto-ley 21/2020, de 9 de junio, que regirá nuestras vidas hasta que dispongamos de tratamiento eficaz o vacuna, en aras de ir despejando incógnitas sobre lo que se puede, y lo que no se puede, hacer a partir del lunes que viene. Pero si el miedo es la vuelta a las andadas, ¿cómo se va a planificar septiembre con absoluta normalidad? Septiembre es el socorrido aplazamiento para todo lo reprogramable. Planificar el futuro, dando por hechas citas con dos meses de antelación, pues, más parece producto del entusiasmo que del sentido común. Los ERTEs están muy bien -siempre mejor ERTE que ERE-, pero en el cobro el dispositivo acumula demasiadas anomalías e incidencias. El último viernes de este mes, 255.000 compatriotas percibirán de oficio su primera renta mínima vital estatal: una ayuda que defienden en las alturas celestiales, desde el BCE al FMI, incluido el Papa Francisco. No es una ‘paguita’, como sostienen Vox y destacados concejales jiennenses del PP, pese al voto afirmativo de su partido en el Congreso. Hay que seguir desenmascarando una posverdad que miente descaradamente y que procura por todos los medios a su alcance subvertir el orden constitucional deslegitimando a un Gobierno nacido de una mayoría democrática. Sólo cabe resistir, como pedía Negrín, confiando en que este verano nuestras reservas de alojamiento rurales se agoten, y que el otoño-invierno venga con una campaña de aceituna histórica bajo el brazo. Antes, permítanme la tristeza, este mediodía, dejadme el balcón abierto por una madre y dos niños que merecían, tanto como nosotros, asidos a la esperanza, haber llegado al lunes próximo.