Los derroteros del periodismo
Tengo la suerte de haber disfrutado de una de las profesiones más bonitas del mundo, conocer a quienes la llevan a cabo y la viven más allá de su triste precariedad, cada año más desconcertante. He aprendido tanto de ellos que alejarme fue la mejor y más dura decisión. Eso sí que indignó y mereció horas de tertulias cruzadas y mucha frustración. Pero en esta tierra tan politizada, lo preocupante nunca fue la competencia. La competencia es sana. Obliga a afinar, a contrastar, a trabajar mejor. Lo preocupante es cuando la competencia se convierte en vendetta. Cuando el titular ya no busca informar, sino ajustar cuentas. Cuando el foco deja de estar en la noticia y se desplaza hacia el compañero convertido en adversario.
Este ecosistema mediático que vivimos es frágil, sobre todo en estos malos tiempos; aquí nos conocemos todos: se coincide en ruedas de prensa, se comparten fuentes, incluso cafés y otras… Y, sin embargo, asistimos a un espectáculo cada vez más habitual: medios que se desacreditan entre sí, periodistas que señalan a otros periodistas, amigos de amigos que dañan a otros amigos que eran amigos. Es triste observar cómo se pasa del ‘Medio’ a los bares, y a las Redes Sociales, dejando cadáveres en el camino sin importar el daño que se pueda hacer. ¿El resultado? Una tierra partida también en su relato, lectores confundidos, sospecha permanente y una imagen pública deteriorada, presionada por las circunstancias.
Porque cuando desde fuera miran hacia dentro y ven a los medios regionales o locales enzarzados en peleas constantes, el mensaje que se proyecta no es pluralidad: es desorden, inmadurez, falta de rigor y, sobre todo, partidismo panfletario; lo del asco es otro tema y va por otros derroteros. Buscar culpables es más fácil que asumir responsabilidades. Es tentador culpar al “otro medio” de la pérdida de credibilidad general, de la desconfianza creciente. Pero quizá la pregunta incómoda sea otra: ¿cuánto daño se hace a quienes aman esta profesión, en la que he conocido enormes profesionales, con o sin titulación, que han logrado hacer grande el periodismo? Decía un amigo periodista que la crítica entre colegas es necesaria. El señalamiento de errores también, siempre con ese respeto meritorio; pero nadie, con los bolsillos llenos o no, está por encima del escrutinio. Hay una línea fina entre fiscalizar y dinamitar, entre debatir y desacreditar. Entre discrepar y destruir, entre la envidia y la admiración… Pero desde mi humilde objetividad, cuando el enfrentamiento se convierte en estrategia y se acepta, con o sin cheques en blanco, todos perdemos, y eso ya lo hemos vivido “cienes” de veces. Cuando el enemigo se instala en la mesa de al lado, los titulares ya no es lo que importa.