Federico Pérez

Huelva y su espíritu destructivo

A veces pienso que en Huelva tenemos un talento especial para destruir lo que amamos. Es como si, por costumbre o por orgullo mal entendido, confundiéramos la crítica con la demolición
Gente por la calle en Huelva. | VGPALACIOS
Gente por la calle en Huelva. - VGPALACIOS

A veces pienso que en Huelva tenemos un talento especial para destruir lo que amamos. Es como si, por costumbre o por orgullo mal entendido, confundiéramos la crítica con la demolición. Nos quejamos de nuestras fiestas, de nuestros actos, de nuestras tradiciones, incluso de nuestra gente… y lo hacemos con una soltura que asusta, con una naturalidad impropia con algo tan destructivo. 

Si algo no nos gusta, lo tiramos, sin pensar que a otros les pueda interesar, sin considerar el esfuerzo, la ilusión o la historia que hay detrás. Egoísmo puro, disfrazado de opinión. Y no hablo solo del Carnaval, ni de la Semana Santa, ni de la Feria del Caballo, ni de las Colombinas, ni del Rocío, etc. Hablo de todo lo que nos hace pueblo y nos une, aunque a veces me da la sensación que dichas festividades solo sirven para separarnos, incluso dentro de las mismas buscamos las maneras de dividirnos: de la Hermandad de Emigrantes o de Huelva, de la Esperanza o la Victoria, del Carnaval o de la Semana Santa… Sin tomar conciencia que lo nuestro, lo que verdaderamente da valor a esta tierra, es eso, las posibilidades y la rica diversidad que tenemos.

Porque lo nuestro no es solo nuestro: pertenece también a quien lo vive de otra forma, a quien lo siente distinto, pero con la misma esencia. Nos falta empatía y nos sobra soberbia. Hemos aprendido a despreciar lo que no controlamos, a ridiculizar lo que no entendemos y a exigir sin ofrecer nada a cambio. Y mientras tanto, seguimos creyendo que amar a Huelva es hablar bien de ella en voz alta, cuando en realidad amar a Huelva es cuidarla en silencio, con hechos, con respeto, con compromiso. Yo quiero una Huelva que no se devore a sí misma. Una Huelva que critique, sí, pero para construir; que discuta, sí, pero con respeto; que sienta orgullo sin caer en el desprecio. Porque el verdadero amor por lo nuestro no consiste en quedarnos con lo que nos gusta y tirar el resto, sino en entender que Huelva, toda Huelva, merece ser valorada en todo su contexto, y no solo aquello que nos interesa. Disfrutemos y dejemos disfrutar.