Comidas de empresa
No es una moda. Por los años de existencia es verdaderamente una tradición. Debía de ser la mejor y más seductora muestra de la amistad laboral. Tiene como padre putativo la unión familiar. Como madre biológica la necesidad de estrechar lazos de convivencia. Estamos en el mes de las "comidas - almuerzos o cena - de empresas o instituciones en general".
Las empresas deben tener "alma" porque por almas están constituidas, pero sin bajar a la mina nunca encontrarás el material áureo y a veces se precisa mucho tiempo de apartar escombros, mucho esfuerzo al cavar, mucho ahondar para darse de cara con el preciado metal.
Hay personas que cumplen fielmente sus horarios laborales, son buenos profesionales y útiles al trabajo en equipo, pero no por ello olvidan la persuasión y el deleite del verso, el éxtasis ante el arte, el júbilo ante el sublime sonido de una voz, la alegría del humor desenfadado, el calor humano de confraternización entre todos, verdadera fuente de felicidad, el poner jardines donde había barreras y el saber que el sabor cítrico, ácido, que la "limonada vida" nos da continuamente, puede tener un hueco, una ocasión en que pueda ser sustituido por el dulce paladar del zumo del fruto del naranjo.
Este tipo de personas no dejan nunca que el realismo vital le consuma sus sueños, pero hay un filo de navaja por el que se deambula y es fácil caer hacia el abismo, en el que la calificación de bohemio,- que no sería lo peor - "artista" dicho con la hiel sobre la mano, payaso, bufón, rapsoda empalagoso y cursi, barítono de barra y patio o o recitador de versos plañideros, te marcará definitivamente el resto de tus días. No tendrás sitio en los grandes actos culturales, reservado para ilustrísimos de seda y cuello alto, pero si se acordarán de ti en las "altas esferas" cuando hay que homenajear a algún gerifalte/a, de la que se espera conseguir algún cargo de importancia.
Las celebraciones en los medios laborales, tienen, aunque a primera vista parezca hipérbole, tanta importancia como el premio por una tarea bien realizada. Es verdad que este ultimo es rentable y material y consigue que la empresa crezca en "bolsa" e importancia, pero aquellas tienen una capacidad de cohesión fraterna, de acercamiento y amistad entre los componentes de un núcleo laboral, que puede hacer que todo el personal, unido, reme con más fuerza que nunca y en la misma dirección. Y los que siempre llevan el peso de su organización y puesta en escena son estas personas a las que me he referido.
Nunca debemos perder este "poder de celebración". Estamos viviendo una época en la que actuar "cruelmente" parece la norma y es aún más triste que al que se encoge de hombros y deja que siga rodando esta insufrible bola de resentimiento y odio, se le alaba o califica de buen ciudadano. No estamos contentos con lo nuestro y siempre nos obsesiona el llegar a conseguir lo que vemos en manos ajenas. No soportamos que el vecino, el compañero, el amigo o el familiar tenga algo que no hayamos conseguido nosotros, sin pararnos en considerar que se haya debido a su capacidad y esfuerzo. Este desear el bien ajeno recuerda la respuesta que Diógenes - vagabundo de las calles de Atenas, pero de feliz juventud y opulencia, pues era hijo de un banquero - a aquellos que le preguntaron qué clase de vino le parecía mejor y respondió, sin dudar, el ajeno.
El festivo mes de diciembre pone el terreno para las celebraciones. La navidad es la simiente. Del riego se encargan este tipo de personas que hoy recuerdo. Los que acudimos a los eventos somos las plantas que esa semilla origina. Los frutos dependerán de que la fiesta se recuerde o no. La comida será un éxito si hay ganas, humor y generosidad entre los asistentes. Se precisa ser extrovertido en esos momentos. El introvertido recalcitrante es mejor que no acuda a la fiesta. Quien no reconoce sus pecados no se acerca a las puertas de la gloria.
Lo fundamental es dar encanto y unidad al evento. Cada uno debe sacar a la luz todas sus mejores cualidades personales y sociales. Mostrarse tal como es, porque lo importante en esta vida, lo que deja verdadera huella, es lo que cada uno piensa de sí mismo, bastante más que lo que los demás puedan opinar de él.
El encuentro en día tan señalado de unión de todos los componentes de la empresa, es para divertirse. La comida será un éxito si hay ganas de pasarlo bien. Si todos los días se estuvieran celebrando estas comidas, la monotonía nos llevaría al mayor aburrimiento conocido.
A lo largo del año existen en todos los trabajos, donde hay personas de pareceres y carácter muy diversos, situaciones estresantes, discordantes, enfrentadas e incluso violentas de palabras, evitando que se llegue al contacto físico. Si ese pensamiento nos domina, este día de celebración hay que cambiarlo por el opuesto, es decir, por el de la tolerancia y la cariñosa cercanía. No podemos ser como aquellas famosas plañideras que lloraban tanto en los funerales en los que se le contrataban, que la costumbre las hacía llorar también en su propia casa. Tenemos que saber claramente las causas por las que estamos en las diferentes vicisitudes de la vida. Quien no sabe diferenciar es el que más enoja al Jesús que nace por estas fechas y es su Creador.
Si todos fuéramos sabios, el saber no existiría, pues no habría ignorancia para contrastarlo. En la colmena tiene que haber obreras, zánganos y reina, si queremos llegar a saborear la miel. En los trabajos hay una gran diversidad, pero como dice la canción, "hay quien canta lo que sabe y hay quien sabe lo que canta", pero eso no quita para que aúnen sus voces y sus sentimientos en esta adorables y necesarias "comidas de empresas".