José Chamorro López

La excepción a la regla

El "crimen de género" (casi siempre femenino) no hay que llamarle "machismo", sino criminal a su responsable. El grosero debe ser reprimido, cercenada su libertad, pero no solo en el terreno sexual, sino en todos los aspectos sociales y políticos de la vida.

No hay cosa o hecho más sublime que la presencia de la “excepción” en todos los actos de la vida consciente y culta. Excluirse de la regla general no es solo el “summum” de la libertad, sino abrir la puerta a la creatividad y la invención. Es desvelar el secreto que impedía la perfección. La noche, por unanimidad natural entre los seres vivos, por su silencio y por la ausencia de luz, se admite que está hecha para el descanso y el sueño.

Pero la madrugada, no ahora que la ha enmascarado la lámpara eléctrica sino a lo largo de los siglos, solamente acompañada de la tenue y temblorosa llama de la antorcha y la inestable reflexión de la luz de luna, siempre ha tenido como excepción, el “insomnio de las musas” que se han entretenido jugando con el alma creativa y despierta en sus primeras horas, de los seres humano más sensibles. El insomnio puede provocar desde los hechos más gratos a los más infames, pero por las ventanas del alma comienza a respirarse aroma de primavera y la tristeza y el dolor, también de forma excepcional, hay que aparcarlos, porque al igual que cualquier vehículo, cuando se habla de cielo, mar, montaña o cueva, ruedas y motor están, como ahora se dice con insistencia, desclasificados. Vence el sueño cuando el flamenco comienza a cantar por seguiriyas.

El libro queda recostado sobre el pecho del somnoliento lector. Florbela Espanca pionera del feminismo portugués, su autora, no habla, escribe, se sale de la norma. Es excepcional: “Déjame decirte lindos versos raros/que en mi boca tengo para así decirte..../Más no te lo digo mi amor, todavía.../Que siempre una boca de mujer es linda/cuando dentro guarda versos que no dice/y en el beso amor, que no te entregué, guardo los más lindos versos que te hice. La madrugada se acerca al alba. La última soleá con su quejío rompe el aire adormilado de la noche”. “Soñé dejarte, gitana/y me desperté besando/los hierros de tu ventana. Alla por Jebel Irhoud (Marruecos) los paleoantropólogos dedicados al estudio del pasado de la vida ante la tierra a través de sus fósiles, descubren restos cráneo-faciales, mandíbulas y otros huesos de “Homo sapiens” que datan nada menos que en torno a los 315.000 años.

Es por tanto en estas fechas o próximas a las mismas, cuando tiene lugar la aparición de las excepciones más importantes hasta ahora conocidas. El ejército de la evolución orgánica animal no puede retener a una columna que se le dispara y se aparta de su espacio para cumplir una misión muy diferente hasta entonces conocida. El homo sapiens, la inteligencia y la capacidad de reflexión, unida a voluntad y libre albedrío, hacen su aparición en la tierra. Lo de atrás queda estancado y no evolucionará ni un palmo, continuando la cigüeña colgando indefinidamente sus nidos en las torres, sin que se haya planteado problema de vivienda. Tiembla el sistema solar y el resto del universo. Sus secretos van a ser conocidos, a costa de mucha observación, esfuerzo y sacrificio. No se deshacen sin embargo estos seres humanos iniciales de sus instintos que le permiten no solo estar en alerta para conservar la vida, sino que le mantienen su atracción sexual, que les llevará a reproducirse y perpetuar la especie. El pasado irracional ha dejado su huella y es causa de una nueva excepción la más sublime, sublimísima, la aparición del amor. Se oye el tintineo orgánico de júbilo en el vientre de las madres, los hijos van a ser hijos del amor. El varón se fijó solamente en una hembra, brillaban sus pupilas y temblaban sus extremidades, el suelo que pisaba le pareció que se blandeaba. Subyugado por la belleza de aquella mujer en aquella época tan profunda de la prehistoria, sintió -como las arenas de la playa- que un oleaje de locura y felicidad arrastraba una maraña de sentimientos y emociones por su cerebro, pero no sabía expresarlas, no tenía vocabulario, ni escritura, solamente poseía gesto y capacidad de caricia.

El aliento y el gemido completaban la puesta en escena. El arrullo era mecánico, el piropo un sonido de pentagrama hasta entonces desconocido. La hembra sobrecogida y extasiada expresó sus sentimientos con la entregada mirada y el rubor de sus mejillas y supo leer como si de una carta de amor se tratara, las extrañas gesticulaciones que por primera vez aquel varón exhibía en su presencia. Canto, alabanza, piropos y poesía no tenían aún, la indumentaria que precisa el escenario del amor y cedieron su deleite y persuasión al beso que andaba vacilante transformado en suspiro. Hombre y mujer solos en aislada y penumbra cueva, su unión era de esperar y las consecuencias, ahora se comprenden y alegran, fue la descendencia, el hijo del amor. La excepción podría pensarse que se hizo regla, pero lo que de verdad se construyó desde aquel día fue el vínculo o matrimonio entre dos seres basado solamente en el atractivo humano y espiritual entre sus cuerpos....y sus almas, porque un viento divino había silbado al chocar contras las aristas de las rocas de aquella cueva.

Pudo ser así. La inocencia nos dice que sí, la realidad nos muestra actualmente el ridículo de tal osadía. Civilización y el manoseado progresismo ven infantil y absurdo que se quiera considerar como norma reproductiva la existencia previa de una unión enamorada. Los hijos ahora no tienen como regla padre y madre. Sí existen físicamente, pero casi siempre separados y erigiéndose como muros polarizados, queriendo cada uno de ellos atraerse con argumentos enfrentados a sus vástagos que viven desde pequeños la crispación hogareña y continuarán como adultos viviendo la de la sociedad en que se desarrolla su existencia. Las palabras “feminismo” y “machismo” se clavan a diario, sus puyas, en este redondo planeta, como lo hacían los “gallos de pelea” en un pequeño redondel (reñidero) ahora prohibido. El enamorar es un cortejo con un fino filo de navaja, cuyo corte te puede llevar a un enrejado inhabilitador. El piropo es el pródromo de la aplicación penal. La línea de corte entre la atracción, el encanto y el perseverar para conseguir aquello con que se sueña y la posibilidad de acoso o agresividad verbal, tiene demasiados puntos oscuros.

Al "crimen de género" (casi siempre femenino) no hay que llamarle "machismo", sino criminal a su responsable. El grosero debe ser reprimido, cercenada su libertad, pero no solo en el terreno sexual, sino en todos los aspectos sociales y políticos de la vida. Excepción y personas excepcionales no van a faltar, pero son lunares de bata de cola, no hábitos permanentes. Seguirá habiendo más ceños fruncidos que rostros angelicales. El agua tiene que recluirse en la botella para que su salubridad sea creíble. Y el poeta sueña con la posibilidad de la reencarnación, de la vuelta nuevamente a la vida, para pedir un préstamo hipotecario, no de moneda, sino de objetos agradables, con el que poder comprarle al homo sapiens constructor una de sus encantadas cuevas. La excepción seguiría triunfando.