José Chamorro López

Febrero al desnudo

Sí, la tradición continúa celebrando el “Día de los Enamorados”. San Valentín no es solo una realidad virtual. Tómese como se quiera, bajo el signo de la santidad o del laicismo, de la negación o de la fábula (...)
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Quizás sea febrero el que con mayor intensidad sufre al querer emular a otros meses del calendario, es decir, imitar o superar acciones o hechos propios de otros tiempos del año. Su incierta climatología y su diversidad eólica en cuanto a fuerza y velocidad le dan apariencia de volubilidad a su deseada finalidad de ser un mes con carácter propio. No es primavera, ni es el mes de las flores, sin embargo, estas van a tener un protagonismo especial en estas fechas. La flor es el colorido y silencioso lenguaje de los enamorados. No precisa saber de botánica, pero exponen los sépalos de sus cálices, los pétalos de su corola, los estambres y pistilos de su androceo y gineceo, un compendio de belleza solo sobrepasado por la desnudez femenina. Antes de marchitarse, la flor da al amor, una luminosidad que ni sol, ni lámpara son capaces de comunicar.

Sí, la tradición continúa celebrando el “Día de los Enamorados”. San Valentín no es solo una realidad virtual. Tómese como se quiera, bajo el signo de la santidad o del laicismo, de la negación o de la fábula, pero una persona que puso toda su alma y también su vida, que finalmente la perdió por su empecinamiento en dar realidad a su creencia  de sacramentar a las parejas,  parece bien cierto que existió y el cristianismo está a favor de esta sublime historia. Se precisa un día de los enamorados y un hueco diario para pensar en la persona amada. El amor es potencia del alma y atributo del corazón, pero al amor entre humanos no se le puede negar la intervención de la inteligencia. Dos pilares lo sostienen, el “encantamiento”, ese fuego espontáneo que surge a “primera vista”  y la entrega que precisa del diario rodar para no anquilosarse. Es aquí donde la inteligencia tiene que hacer su aparición para que el olvido, que anula los pequeños detalles, no deteriore, como hace la gota de agua, la diamantina roca del amor. Lágrimas y perdón no deben nunca despreciarse entre los amados.

 La “flecha de Cupido” es de un material que reúne alegría, felicidad, sentimientos y conexión completa. Hay que olvidarse de las frases hechas, que este día 14 de febrero se recuerdan del carácter comercial que toda efeméride generalizada trae consigo, que los escépticos, agoreros y los que nunca encontraron el pasquín que señalaba el camino del amor utilizan para degradar el mayor de los sentimientos del espíritu a un nivel de materialidad que haga posible su pérdida definitiva. La ciencia se esfuerza diariamente en conseguir una vida media del cuerpo cada vez mayor en número de años. La creencia debe esforzarse en conseguir la perpetuidad del amor de modo ilimitado. Hay una manera de afrontar los más o menos graves problemas que la vida te genera, que es tratarlos con “gracia” es decir verlos con un punto de alegría, ingenio, humor y vitalidad. El chiste es su consecuencia y el fin el de hacer que algo estresante, conflictivo y triste pase a ser una situación divertida para el que la crea y para el que es espectador de la misma. El triunvirato gracia, carisma y elocuencia solo tiene su reino en algunos puntos muy restringidos del planeta. Febrero sigue estando de suerte.

El Carnaval de Cádiz, un diluvio de gracia, ingenio, humor y alegría, se decidió siempre (con un paréntesis que no hay por qué recordar)celebrar esta efeméride durante sus cuatro semanas de existencia. Fiesta de Interés Turístico desde 1980 y Bien de Interés Cultural desde 2019 tiene el carnaval gaditano algo muy distinto a lo que el vocablo y la tradición nos dice de estas celebraciones: pagano, ligado al tiempo previo de la celebración de la cuaresma, banquetes, desfiles de carrozas, máscaras para ocultar la identidad, serpentinas y papelillos. El Carnaval de Cádiz es canción, copla, cuplés, coros, chirigotas, comparsas, cuartetos. ¿Qué se canta? Pluralidades (popurri) y singularidades, coplas, en las que destaca el gran calado de sus temas, la lírica y el enternecimiento sobre un fondo de crítica social y política y cuplés, en los que el ingenio alcanza su punto más eminente por el arte que suele encerrar el estribillo y el inesperado coletazo humorístico de su final.

¿Por qué se canta? Porque la canción tiene esa dulzura que precisa la tolerancia de la agudeza crítica. ¿Para quién se canta? Aquí el autor quiere que su letra vuele. El actor la lanza al vuelo. El espectador se extasia ante un aire saturado de alas, sonidos y notas. Se palpa la libertad que siempre es un contacto empíreo. La ciudad de Cádiz vive enamorada de su carnaval con la intensa idealización y carga pasional que esta situación tan atrayente produce, que hace sentir “vuelos internos de mariposas” y ama el carnaval de modo estable, fiel y sin pausas, dejando cada día un hueco para relacionarse con él, el pequeño detalle que impide la presencia del desamor o el olvido. El divorcio aquí nunca encontrará cabida, ni ley que le ampare. Esta entrega al encanto que la fiesta posee, da a Cádiz el carisma de “un san ValentÍn carnavalesco” tatuado definitivamente en su cortéx y con el corazón traspasado por la flecha de un Cupido que la ha forjado con los dúctiles materiales del ingenio, el arte, el duende y el humor. Cupido tuvo que reponer sus flechas y aunque las originales las dejó de Puertas de Tierra hacia dentro, en el casco antiguo gaditano, el corazón de toda la provincia recibió la “daga iluminadora e ilusionante” de la misma mano y con la misma carga de ingenio. Nuestra isla que ya cumplió su mayoría de edad y por lo tanto su independencia de Cádiz hace más de 250 años, tiene en el apretón de manos que se dan sus extremos a nivel de río Arillo, la muestra de una unión fraterna y perdurable. Hay sobrado ingenio en la isla para lucir un carnaval de élite. Y lo ha demostrado en su suelo y en el gaditano, Fonoy, al que conocí personalmente, fue uno de sus Ídolos creadores.

Pero nos faltan los pequeños detalles referidos, el vivir día a día la obsesión carnavalesca, el creernos que también podemos ser un “san Valentín” de estas fiestas, en vez de un colaborador ingenioso, artista, de fino humor, pero presencia intermitente. Deslumbramos como ningún otro foco puede hacerlo, pero sufrimos apagones. Febrero a pesar de la expresión exagerada y mórbida de tus diluvios actuales, sigo creyendo en tu singular idiosincrasia, que nos acerca, como no lo hace ningún otro mes, al enamoramiento, el amor y el humor, triple acción que hace olvidar el halo odio/vengativo de una sociedad saturada de corrupción y resentimiento.