Gracias diciembre
Sin sentido metafórico la vida toma tinte de aburrida y oscura. La metáfora es un tropo, un cambio de sentido, que sustituye y compara cualquier cosa o hecho con otra que intenta elevar belleza y encanto, sin exageración, ya que nunca se genuflexionará ante la hipérbole.
Diciembre es el mes constructor por antonomasia. En ningún otro mes se hacen tantos puentes como en este. Por los ojos de estos puentes, construidos con las piedras que el sudor solidificado y diario que el trabajo del ser humano produce, pasarán ríos de vehículos en ordenada retirada -que recuerda el Anábasis de Jenofonte- hacia el mar de la amistad, la fraternidad, la familia y el abrazo. El automóvil deja la monotonía diaria de su recorrido para ser el medio de contacto que el encanto de estas fiestas de último mes del año desparrama por ciudades y pueblos, olvidados en estos momentos de la crispación ambiental. El jolgorio sustituye al orden, virtud que por reiterada e impuesta se vuelve flagelo vocacional.
Otra vez la esperábamos con alegría, aunque era -dejando aparte la Carta de Bayona- la séptima vez que la proclamamos. La Constitución de 1978 era para nuestro austero y cerrado círculo un salir hacia la libre creatividad, a un espacio donde el pensar, sentir, hacer y superarse día a día no tuviera límites vallados, siendo el respeto, con todos o ante todos, el pasquín que nos indicaba la certeza del camino elegido.
Los cromosomas celulares tienen en los extremos la causa de su acortamiento e inicio del camino hacia la apoptosis o muerte celular programada. La Constitución del 78, presionada por los ideales extremos que en el país existen y que prácticamente afectan a todas las esferas políticas, incapaces de sostener posturas razonables, se ha debilitado. El sello de la decrepitud y envejecimiento se le han unido a su dorso y ya, el pensamiento de que precisa renovación, que le ha llegado la apoptosis se ha generalizado en una población en la que los escándalos, últimos y graves, en vez de estresar, están adormilando las conciencias, que han tomado el camino de la indiferencia, del “todo vale”, que es en realidad una expresión de la falta de valores, la seguridad y el derecho inviolable de la propiedad personal, fundamental en la vida de relación, se desequilibran, dejando entrever la posible caída. Pero lo interesante es que en este duodécimo mes del año, la efeméride constitucional es el inicio, el primer pilar sólido de los puentes vacacionales. La fiesta se inicia. A los más ilusionados e inocentes les será presentada la protagonista de la misma, la Constitución actual, por los herederos de aquellos que con tanta entrega y sentido de Estado dieron cuerpo a su escrito y esperanza a su espíritu. Solo habrá alabanzas. Nadie hará referencia a las ofensas sufridas. No es día de apoptosis, sino de simbiosis artificial entre los naturales del país. Hay alegría en todos los municipios de las comunidades autónomas que quieren a España. No hay el olor agrio o moho que caracteriza el envejecimiento. La felicidad humana hemos de comprenderla de modo completo, está en el vivir con acierto, sin quejarse del pasado, ni temer al porvenir. Hay que saber ser árbol, flor y fruto, pero sin desconocer que existe la sequía. La verdad no está siempre en las mayorías, donde en ocasiones los mediocres superan a los inteligentes y los locos a los cuerdos. Es mejor dudar que afirmar sin conocimiento. La duda siempre está en ¿Cuánto va a durar la concordia?
Mal lo estaba pasando el ejército español casi al borde del río Mosa, donde libraba batalla, -la “batalla de Empel”-. Eran los primeros días del mes de diciembre de 1585. El día 7 se encontraban acosados. Frío y hambre, sin posibilidad de refugiarse en ningún abrigo. Un soldado se disponía a hacer un hueco en tierra donde atrincherarse. Encontró una tabla con la imagen de la Virgen María. Se le rezó y se consideró su hallazgo una señal de protección divina. Lo cierto es que aquella noche se produjo una fuerte bajada de temperatura, un fuerte viento helado que congeló las aguas del río Mosa. En la mañana siguiente -8 de diciembre- los españoles y gracias a estas aguas heladas rompieron el cerco a que estaban sometidos, atacaron por sorpresa y vencieron a la escuadra enemiga. Fue el “milagro de Empel” y la proclamación de la Inmaculada Concepción como patrona de aquellos tercios que trescientos años más tarde - 12/111892 - por María Cristina, reina regente, sería declarada Patrona del Arma de Infantería. La Inmaculada Concepción de María, fue definida como dogma por el Papa Pio IX en 1854, aunque diríamos que desde siempre y muy anterior al Concilio de Trento donde se hizo referencia, ya se consideraba.
El segundo pilar de este próximo puente navideño, se había constituido. Complemento para un tiempo más extenso de ocio y asueto. Comienza la religiosidad frente a una Carta Magna que muestra su laicismo aconfesional. Creer que esto pueda ser causa de enfrentamiento, es pensar con la ignorancia como bandera. Conservar cada efeméride su independencia y libertad en los pensamientos y creencias que expresa, es la mayor muestra de respeto, concordancia y solidaridad que el ser humano posee y la proximidad y complementación de estas fechas, da la alegría que nuestra ciudadanía precisa para olvidar al menos mientras dure este corto espacio vacacional el insulto, la envidia o lo más penoso hablar de delitos de odio. Que nadie se enroque como caracol en su concha al escuchar la palabra "dogma", por indicar obligado y firme cumplimiento de las creencias indiscutibles que expone, por parte de sus fieles o seguidores. Quizás el verdadero problema actual de nuestro país esté en que no tenemos firmeza en los cimientos que deben sostener a nuestro Estado, porque han aparecido cleptómanos fantasmas, que han sustraído cemento para sus construcciones particulares. La diversidad es honrada, la apropiación indebida ladrona. Los puentes vacacionales, la construcción que los trabajadores de todo tipo merecen, como nexo de unión para compartir alegrías con todos sus seres queridos. Gracias diciembre.