La lámpara de los deseos
Se hizo amigo de Aladino, no para conseguir un deseo de su mágica “lámpara maravillosa”, sino porque tenía la seguridad de qué al lado de un genio, acabaría él siéndolo o al menos sería un “artista de reparto” en este mundo del duende y la fantasía. Tuvo su tiempo místico, pero últimamente le había alcanzado la corriente laica y ateísta que pregonaba un auto intelectualismo de covacha, humo y alcohol. Dejó los estudios a media, porque consideró que es más fácil y rentable introducirse en el mundanal ruido de los intercambios comerciales, que en el silencio de un hábitat profesional, responsable, estudioso y experto. Fue hijo único porque su madre se ausentó muy joven de esta vida y su padre perdió el rumbo de vuelta a su hogar, quedándose definitivamente en tierras australianas. Bien dotados económicamente, unos tíos suyos corrieron con la adopción, pero no consiguieron su propósito de que el joven alcanzara algún título universitario.
Su unión al humo de la hoja de tabaco y al líquido que el ser humano fue capaz de extraer de la uva, no esperó a tener la mayoría de edad y en su pubertad ya era un experto en el consumo de ambas sustancias. Salvo escasas ocasiones en que se cruzó la línea divisoria, se mantuvo en el lado opuesto a los tóxicos de actualidad. Comenzó a conocer el amor siguiendo los senderos del sexo, buscando más el objeto real que el encanto imaginativo. Fue más importante en él la necesidad de copular, que el querer, el apareamiento que el vínculo legal o eclesiástico, sin plantearse un futuro con hogar, cónyuge e hijos, sino viviendo el presente y relatando el pasado conquistador ante el corro de amigos con la vehemencia de un “tenorio de callejuelas” sin calidad para ser “un don Juan”. El mundo ni perdona, ni cobija y siempre será “un bulto sospechoso” o un obstáculo a evitar, toda persona con bolsillos exentos de monedas, porque la mendicidad y la pobreza son los sótanos de la esclavitud, sin grilletes y teniendo que soportar además, la eterna y fraudulenta canción de democracia y libertad.
Era consciente de ello y por eso hizo lo posible por encontrar fortuna, pero recurrió a los caminos fáciles, sin roces con el empleo digno, sino dejando huella en sus “faenas laborales” que el Código Penal, tenía claramente definidas. Sus lazos de amistad, eran sus colegas, es decir, gentes de igual vivir que el suyo, pero no compañeros, de empresa, vecinos del lugar o familiares de diversa cercanía. Ni ética, ni moral, ni nada que tuviese ese “tufo” de maloliente cinismo que leyes, constituciones, ideales, catecismos o múltiples normas de convivencias imponen. Solo seguía y le importaba el recorrido de la flecha que le llevaba a la diana del ocio, el vicio, el lujo, la velocidad del motor y el sexo. La política era cosa de truhanes, las creencias engaños opresivos, el amor lagrimeo plañidero de trovadores y poetas, la justicia un almacén de artículos que nos quiere hacer creer que las varas de medir tienen todas la misma altura. La enseñanza tiene menos viso de realidad que el sueño de una solterona poco agraciada, que ya cumplió los cincuenta. La muerte es “irse al carajo” que es donde mandaba el sargento del navío, al marinero que incurría en alguna falta. No sé por qué me da por pintar una vida así.
No creo o no me gusta creer, que este siglo XXI tan empecinadamente progresista y de avances técnicos tan enormes sea capaz de engendrar criatura como la que he expuesto. Pero la imaginación sigue y no siento hoy tener la fuerza de controlarla. No tuvo suerte esta persona ideada y estuvo dos años sin transitar por calles o plazas, al quedar recluido tras unas artimañas de las que no pudo escurrir el bulto, ni la culpa. Las rejas y las sombras fueron en este tiempo los fieles amigos y psicólogos que incidieron con refractarios rayos conscientes desde su piel hasta su conciencia. El pensamiento hizo de hilo conductor. Es un día de la tercera semana del mes de diciembre. Se han abierto las puertas del penal. La cruza camino de la libertad nuestro protagonista. Respira el aire de la abierta plaza que pisa y deja atrás, en aras del olvido, el aroma del patio carcelario. Ni rumbo, ni camino tiene trazado. De pronto e inesperadamente, cuando iba a iniciar su marcha, se siente abordado por tres personas, dos mujeres y un varón que le llaman por su nombre. Las tres con edades muy próximas a la suya. Una de ellas forma parte de la familia que él abandonó y le ofrece pasar las fiestas junto a su marido e hijos. La otra no puede olvidar que le amó siendo muy niña y que no ha variado sus sentimientos y querer compartir vida con él.
El varón es un arquitecto, garante de una empresa constructora y amigo de escuela y correrías infantiles, que le ofrece el entrar a formar parte del grupo de trabajadores de la entidad. Quedó aturdido. El pensamiento no encontraba modo de orientarse, ante lo que estaba viviendo. Creyó sentir las mismas impresiones que Segismundo en la "Vida es sueño" de Calderón de la Barca. No sabía en este momento si la realidad era lo que había dejado atrás o lo actual. Le despertó de este seudoletargo, el recuerdo de cuando quiso ser amigo de Aladino, sin pedir nada a cambio solo para contagiarse de su magia. Ahora parecía que este amigo le ofrecía los siempre tan ansiados, tres deseos.
Pero es diciembre, ¿y si la lámpara de ese “aladino” de tanta fuerza alumbradora es la luz que nace cada día veinticinco de este mes? ¿Y si resulta que lo que parece que quieren presentarnos como una utopía o cuento, es la única y verdadera realidad de la vida, que solo la fe es capaz de confirmar? ¿Y si hay un solo “aladino” y es el Dios Todopoderoso? ¿Y si este Dios encarnado este mes en el "niño Jesús" nos está ofreciendo reiteradamente estos tres deseos citados y los estamos despreciando continuamente? ¡Ay diciembre! tú solo tienes en tu mano la posibilidad de conseguir mayor solidaridad y unión entre las personas, por eso tus fiestas son algo más que millones de bombillas colgadas en altos postes, porque la Luz que traes al mundo llega a las conciencias donde la luz eléctrica y artificial del laicismo humano no tiene capacidad para entrar. Por eso por muchas máscaras que queramos poner a estas efemérides del mes, nunca podrán conseguir que la libre mirada de Dios no siga iluminando.