José Chamorro López

La moda no está solo en la indumentaria

En 2024, han sido 106.172 los abortos realizados. La moda abortiva es una guerra sin posibilidades de que la gane el más débil
La ley del aborto.
La ley del aborto.

Si buscas algo peor que la mediocridad que rodea a todo lo vivo y palpable, te encontrarás con “la moda”. La moda tiene más capacidad cambiante que el criterio político. Es una debilidad de la personalidad humana y las más de las veces expresión distorsionada de supuesto avance o progreso, cultural e intelectual.

La modernidad que tiene segmentos exitosos, es un largo vector de pie quebrado cuyos altibajos son inquisitorios, es decir, cuando algo está en la cúspide, el resto roza o ha caído en la hoguera.

Gracias a los “Decretos de Chamartín”, el emperador napoleónico eliminó la Inquisición Española allá por el año de 1808. Las Cortes españolas lo hicieron posteriormente -1813-. Hasta entonces la moda era; denuncia, demostración de la existencia de blasfemia o culpa similar, veredicto y hoguera. Y todos tan conformes.

Era entonces el tiempo de una nueva moda, la del afrancesamiento o imitación a todo lo francés. Nos costó un tiempo importante el evadirnos, el librarnos del dominio francés y era curioso que, mientras el chorro de sangre derramada aumentaba su calibre diariamente, se discutía allá donde el enfrentamiento no se preveía, precisamente de la abolición inquisitorial ya señalada y de libertad de prensa, cuando no había otro modo de conseguirla, nada más que echando literalmente al francés.

Un día de 1815 y en Palencia fue puesto en libertad el último esclavo, Bruno Hugalde, puertorriqueño, por sus propietarios los hermanos Mollinedo. Hasta entonces estaba de moda y era señal de poderío y opulencia rodearse de esclavos, seres vivos que no se sabía exactamente a qué clase orgánica pertenecían, desde luego a cualquiera menos a la de ser humano.

La Pragmática Sanción vino a eliminar -Ley Sálica- la moda existente hasta entonces de no poder acceder al poder la mujer, ni sus descendientes varones.

Dos siglos XIX y XX en que la moda en nuestro país es la controversia guerrera o no, diríamos que continuamente. Conservadores y liberales, realistas o republicanos, constitucionalistas o dictadores, las dos Españas, que llegaron para echar al parecer unas raíces definitivas o al menos de las que no sabemos librarnos.

La moda es el uso, modo o costumbre que está en auge durante un determinado espacio de tiempo en un lugar y con lo que intentamos dar a nuestra creatividad una excelencia superior. Su uso responsable la hace suprema, sublime, poseedora en ocasiones de una magia y duende que nos encanta. Con esa idea nació en siglo XIV y con esa idea fructificó en el siglo XIX la presencia del modisto y la modelo. Pierde ese encanto cuando la apartamos del hecho indumentario y la aplicamos a los hechos que ocurren en la vida diaria, que es lo expuesto en principio.

La moda pasa por etapa aristocrática (siglos XIV a XIX), burguesa (siglo XIX y XX) y a una etapa moderna a partir de 1920, donde da un paso de gigante hacia el poder ser asequible y con ello llegar a todos los tipos de economía, es decir globalizarse. Aparece el pret-a porter (listo para llevar) que se fusiona con la alta costura y reduce precios.

Estas son las bendiciones y los conseguimientos de una moda que nació para deleitar los gustos sociales. Pero al ser humano le encanta confundir. En la confusión encuentra la alteración precisa para manipular, reprimir, adoctrinar o someter a los criterios idealistas de un grupo, todo lo que una mente sobresaliente sea capaz de hacer emerger en mor de la cultura, la civilización y su verdadero progreso.

Hemos vivido y lo seguimos exponiendo en cualquier momento en que se oponen a nuestro criterio, la moda de decir “yo soy ante todo demócrata”, pero los que han vivido más de los cincuenta años que nos separan del régimen político previo, saben muy bien como las cañas se doblaban con el viento dictador, sin llegar a romperse, como signos de protesta en aquel tiempo. La democracia hemos de aprender que no es superficial, que consiste en la pérdida de privilegios y la adquisición de derechos y estos tienen que ser válidos y verdaderos también para la vida íntima, que es donde más falsamente se manipulan.

Ni democracia, ni Constitución han servido para impedir el florecimiento de la corrupción que está en su primavera más lozana. Diríamos que la moda se ha democratizado rompiendo esquemas, estigmatizaciones y convencionalismos y al querer ser más real y libre, se ha adulterado. El ciudadano ha abierto los ojos cuyos párpados estaban cerrados por consignas inflamables e inflamatorias, que sirven en tiempos revulsivos, pero que sonrojan cuando un pueblo pide paz y bienestar que no le llega. La urgencia que se precisa para tapar este estado de depravación en que se está inmerso, es utilizar una amplia carpa circense que cubra por su enorme extensión la podredumbre existente. Ya no cuela la maldad fáctica de la guerra civil y hay que recurrir al blindaje de leyes que muevan la atención ciudadana. Se quiere blindar “la ley del aborto”, es decir, reforzarla, otorgarle mayor protección y carácter permanente, frente a posibles ataques o modificaciones. y se quiere hacer mediante cláusulas específicas establecidas en el rango más superior del Estado, “la Constitución”. De nuevo se recuerda que somos embrión hasta la octava semana y feto a partir de entonces. Que la interrupción del embarazo sin justificación alguna puede llevarse a cabo hasta las catorce semanas (si no lo alargan) y puede llegarse hasta la veintidós justificándose. Se intenta entretener discutiéndose nuevamente sobre cuando se adquiere la personalidad, si con la concepción o al nacer y vivir, aunque la medicina moderna sabe que desde la fecundación el feto posee toda la información codificada por ADN, como a lo largo de la evolución demuestra, para ser persona independiente desde el inicio de su existencia.

En 2024, han sido 106.172 los abortos realizados. La moda abortiva es una guerra sin posibilidades de que la gane el más débil y muchos menos que reciba ayuda de alguna “flotilla” porque va a encontrarse con el misil destructor del blindaje de la ley.

La guerra no es admisible, pero su presencia es una realidad diaria. No se debía consentir que hubiera ni una sola muerte por causa de conflictos bélicos que siempre son duales a pesar de que se tienda a singularizar los responsables. Pero hay que ser conscientes que nadie, nadie repito, debe ser privado de la vida arbitrariamente, ni por enfrentamientos armados o por voluntario deseo, poniendo el mismo énfasis en una y otra situación, no en la que nos va mejor a nuestros intereses y a nuestro yo supremo. Pero estamos en un momento en que la moda es poner sombrilla para que el sol no vea, ni caliente los residuos de lo que hemos ingerido.