Planes de futuro
No está tan lejos como para ser olvidada definitivamente. Ha dejado de ser útil, pero si solo vivieran los que son útiles, la “España vaciada” alcanzaría a las grandes ciudades. Se les decía de jóvenes a aquellos que ahora son octogenarios que a la escuela se iba a un hecho importante: aprender a leer, escribir y las cuatro reglas aritméticas. La “regla de tres” y las raíces cuadradas o cúbicas eran para los iluminados de intelecto. Había escandalosos porcentajes de analfabetismo. Se fueron diluyendo en medio de una alegría que aspiraba a ser sabia. Sumar siempre ha sido una cualidad más cercana a la soberbia que a la humildad y multiplicar que nos es otra cosa que sumar repetidamente nos puede llevar a la exagerada soberbia - síndrome de Hubris- , es decir, a un total distanciamiento con la realidad, un desmedido ego y un carácter entre arrogante, prepotente, altivo, engreído o narcisista. Restar es hablar de diferencias, lo que me lleva a pensar que el existir es una resta entre la vida y la muerte. No sé qué se pensaba cuando se puso en marcha la operación de dividir.
Repartir a partes iguales no es precisamente una característica frecuente en el ser humano, y aunque es cierto que está en la razón de ser de muchas personas de sana voluntad, sin embargo el terreno es resbaladizo, porque lo que iguala lleva aparejado el negar la existencia de lo que se eleva o se hunde y puede resultar que en la colmena humana donde hay zánganos, gente que trabaja y personas que ocupan lugares de privilegio, pasen a ser todos iguales, lo que llevaría a la pérdida de ilusión, creatividad y esfuerzo, dado los porcentajes actuales de cada uno de ellos. No queremos ser ni envidiados, ni envidiosos, pero para ello hay que alejarse de la multitud, vivir en solitario, y entonces leer y escribir ¿para qué? La débil memoria sería el mejor texto y lo abriríamos siempre por los capítulos de mayor persuasión y sensibilidad, porque a la felicidad le gusta lo simple, singular o solitario, lo retorcido, lo malvado, siempre precisa de otros, aunque no hay que olvidar que lo más supremo que se conoce, el amor, es siempre plural, que se hace sublime en su mínima expresión el par o dos.
Han sido doce meses con todos sus días fieles, sin faltar ninguno de ellos. De los múltiples proyectos iniciales me ruboriza citar el número de los llevados a cabo. Pero la historia que es el hipo de un diafragma de voluble elasticidad, se repite inexorablemente y en la fría y semilluviosa tarde noche de este 31 de diciembre nuevamente volvimos a ser iconoclastas no de imágenes, sino de imaginación y de nuevo tomamos como icono salvador de la monotonía y pereza de superación, al nuevo año. Ya estamos todos en las calles, plazas, hogares, restaurantes o salas de ocio y fiesta y otros lugares de menor alegría, esperando frente al “logo” luminoso de 2026 la caída del viejo año y a que las manecillas del reloj, cuerdas de guitarra rechoncha, acompañen al canto campanero, alegre responso y a la vez otra nueva aleluya cuyo futuro nos hace felices en una madrugada de encanto. Por más que queramos supra valorarle con horóscopos muy diferentes, según de donde se origine la idea, los planetas no son inteligentes, me parecen y, permítanme el símil, perros, mascotas, saben obedecer de manera absolutamente fiel a su dueño, poniéndose siempre en guardia frente a todos los demás. La tierra tiene su camino trazado, se mueve. Copérnico y Galileo nos lo hicieron saber.
Nunca se aparta, desobedece o vuelve la espalda a sus leyes porque no es humana, aunque de humanos se habite. Ha puesto en la mano de las personas y de los demás seres vivos o inertes todas las “herramientas necesarias” para que el existir en ella sea posible. Es decir nos ha dado la vida, pero luego a los seres que la pueblan les corresponde el hacerla. Hay un desmedido afán por otorgarle a los animales cualidades muy eficaces, que le acercarían a hombre y mujer. Si se estudia el neocórtex, se aclaran en gran parte estos hechos, pero no es preciso introducirse en la neurología, basta con darse cuenta de la evolución seguida. La cigüeña sigo viéndola desde mi niñez hacer el mismo nido en las almenas de las iglesias. El caballo no se ha rebelado y ha dicho a su amo “hoy a la feria voy a ir yo montado en tu lomo”. La pobre cucaracha, que vive donde tiene que vivir, siempre tiene la “espada de Damocles” del pisotón sobre su dorso. La araña, todavía no ha comprado un arma de fuego, ni el pájaro una parcela donde poder criar y comer el grano sin espantapájaros inquisidores.
El ser humano es el único que ha hecho comprender la parte que, al día de hoy, conocemos del universo y del planeta. Que piensa en su origen y en el origen del lugar donde vive, Que arrastra creencias. Que se ha dado cuenta de lo que es el nacer y que sigue en la absoluta ignorancia en lo que se refiere a certeza de lo que puede ocurrir tras dejar esta vida, aunque existan espabilados adivinos, que hacen del idiotismo su mejor campo de cultivo.
Somos débiles, necesitamos el pasamanos de la escalera de la vida en que apoyarnos. No estamos solos, pero sí aislados psíquicamente. Por eso nuestros proyectos siempre son más individuales que colectivos. Por eso estamos siempre más cerca del fallo que del acierto y por eso creemos, no que “cualquier tiempo pasado fue mejor, sino que el futuro va a ser un maná que se nos presentará cuajado y maduro. Pero ya los primeros días del nuevo año, comienzan a indicarnos que las cosas continúan igual, nuestro país es un globo demasiado agujereado, para poder retener dentro de él, el aroma de la concordia. No es un Estado porque el pensamiento de los que mandan no es estadista y ni siquiera político, sino una menestra de intereses.
Las veredas a asfaltar son múltiples y pedregosas. No va a ser fácil. En el exterior salta una noticia que a todos nos atañe, el régimen boliviano del presidente Maduro cae, algo lógico porque era una cresta con un abismo a cada lado, el del narcotráfico y la dictadura insolente y represiva, que no todos los ciudadanos de este país rechazaban. Olvidadas las uvas pensemos que la tarea es ardua y que nadie nos la va hacer, porque tenemos que ser nosotros mismos, sin ideales vacuos, ni consignas grandilocuentes. Estamos hartos de cuentos que rodean nuestra vida desde el alfa, hasta el omega y no queremos que de nuevo nos digan que lo fundamental es saberse las cuatro reglas porque ahora ciertamente son más sapientes y progresistas, han modificado sus términos, pero se han olvidado de cambiarle la hiel.