Juan Antonio Palacios

Culpar a la víctima

Entre culpabilidades y perdones, la derecha española, representada fundamentalmente en el PP y VOX tiene la insana costumbre de convertir a la victima en culpable, y viceversa. Así cuando cometen un error que no tiene discusión, culpan al PSOE, y aquí paz y allí gloria

Entre culpabilidades y perdones, la derecha española, representada fundamentalmente en el PP y VOX tiene la insana costumbre de convertir a la victima en culpable, y viceversa. Así cuando cometen un error que no tiene discusión, culpan al PSOE, y aquí paz y allí gloria.

No debemos olvidar que la vida, como la política, como parte importante de la misma es una continua escalera, en la que nos pasamos demasiado tiempo que en este encantamiento permanente que es nuestro paso por este mundo o por alguna responsabilidad pública, la mayoría de las veces nuestra posición no es real ni virtual sino que se quiere igualar a la maldad, el fraude y el engaño.

Muchos de nuestros políticos y personajes públicos, sin ir más lejos viven gran parte de su tiempo de la opinión publica y publicada, y cuando amanece el día y con una ansiedad incontrolable se van directos a los medios digitales para ver que se dice de ellos, y si se habla mucho o poco, bien o mal de lo que hacen, y así verán como suben y bajan en la consideración de los electores.

En este juego del ascensor, corren de un lugar a otro, a golpe de clic, para no dejar de buscar aquello que no saben muy bien que es, y que si en algún momento llegan a encontrar, lo peor es que no saben qué hacer. Codazos y zancadillas, maniobras y empujones para trepar aunque terminen cayéndose por la pendiente hacia el abismo.

Terminan descubriendo demasiado tarde que entre rencores y venganzas, recuerdos y olvidos, que la culpa siempre es de la victima, y las mejores guerras son las que nunca se empiezan, y las grandes paces son las que se ganan desde el dialogo, pero respetando las diferencias.

El empeño de algunos en colocarse donde no les corresponde, termina con las posaderas en el cubo de la basura, porque aunque nos empeñemos en distorsionar el espacio y el tiempo, son muy “hijos de puta”, y ponen a cada cual en su lugar en el momento oportuno, y cuando menos se lo esperan aquellos que se creen muy arriba, en el pico de la montaña, se encuentran sin esperárselo en el fondo del pozo.

Es la crueldad, que han de soportar quienes no se ponen topes y restricciones, porque están acostumbrados a caminar entre ventajas y privilegios. Aquellos que entre los designios del destino y los embates de la fortuna, piensan que todo está controlado y no soportan los acentos inesperados, los respingos y los reveses de la cotidianidad.

Cada día es una página abierta a la esperanza, entre sorpresas y alegrías, temores y supersticiones, hemos de aprender que todo no está nuestro servicio, ni el mundo entero nos persigue, que a veces la suerte nos acompañará y en otras ocasiones dará la impresión que todos los demonios se han conjurado contra nosotros, pero esta noria no la podemos parar siempre en el lugar que más nos convenga, porque los demás también están subidos en ella.

Nos pasamos, este soplo, este recorrido por el calendario, que apenas son los compases de un vals o los pasos de un pasodoble, dando a las cosas más precio, intensidad o estimación de las que realmente tienen o disminuyendo su cantidad o s u valor por sensaciones, emociones que ni nosotros mismos llegamos a comprender.

La experiencia, en ocasiones nos enseña a distinguir lo esencial de lo accesorio, lo importante de lo superficial, y a fuerza de tropezones y fracasos, aprendemos que lo óptimo es enemigo de lo bueno, pero además que lo bueno, por mucho que nos esforcemos nunca llega a ser lo óptimo.