Con esfuerzo, lo conseguimos
Vivimos en una época en la que estamos inmersos en una burbuja, que nos lleva de la vanidad de vanidades a la insensibilidad en un triple salto mortal en la que entre la realidad y los espejismos, no acertamos a situar quien es quien en cada momento, provocando en ocasiones un mal espectáculo de extraña y rechazable ambientación.
Si nos proponemos conseguir un objetivo, no solo hemos de reflexionar cuales son las ideas más convenientes sino que hemos de echarle todas las ganas y el esfuerzo del mundo. Con lo que nadie nos regala nada, ni superamos los obstáculos desde la comodidad, sino con nuestro compromiso y sacrificio.
A lo largo de la historia, mujeres y hombres de las distintas partes del mundo, de las distintas partes del mundo, de diferentes posiciones y creencias, desde el compromiso y la coherencia, han sido capaces sin alardes y alharacas, de dar incluso su vida para defender sus ideales, convicciones y principios, dejando un legado de entrega y generosidad a la humanidad.
Sin embargo en este artículo de opinión y con estas palabras escritas, no voy a referirme a quienes nos han engrandecido con sus ejemplos como personas desde que el ser humano habita la Tierra, sino a aquellos vividores, aprovechado, oportunistas y cínicos que están siempre dispuestos a pregonar que se sacrifiquen por él, toda ciudadanía y el orbe.
Hay algunos ejemplares de esta fauna que en su abnegación por la cusa común, terminan cayéndoseles la careta y mostrándonos su verdadero rostro y miserias, que no es un legado de mártires sino un cúmulo de actuaciones, que son la evidencia de su mezquindad, falsedad e hipocresía.
Su falta de pudor, su carencia de cualquier conocimiento que haya sido aprendido en un proceso de elaboración intelectual, el exceso de sus repeticiones rutinarias, de sus cansinas y repetitivas cantinelas y sus irritantes estereotipias, no nos ofrece el mejor de los paraísos sino el más aburrido de los entremeses sobre lo que nunca debería pasar.
En su renuncia y expiación, sacan todo el morro de que son capaces y un poco más y fomentan la poca fe de los ciudadanos, haciendo ver a propios y extraños que toda la dramatización que representan, es por una parte como una ofrenda, y por otra porque se lo han pedido, y si me apuran, rogado.
Una ojeada a sus actuaciones, nos sirve para constatar que sus posiciones políticas, tienen mucho de puro teatro, que sólo saben mentir, engañar y hacer trampas, especialistas en crear problemas que no existen y en dilatar soluciones, en sus horizontes no hay soles, lunas ni mares, sólo oscuridades e inquietudes.
Más temprano que tarde, el personal, que de tonto no tiene un pelo, descubre el juego sucio de estos sacrificados personajes, y lo insultante que resulta para cualquier contribuyente, que algunos y algunas representantes políticos en unos de sus habituales gestos demagógicos de cara a la galería y un puro ejercicio de maquillaje.
Mientras se permiten el lujo, de pedir a la sociedad civil que se implique, que asuma protagonismo en la toma de decisiones, cuando ellos y ellas deberían predicar con el ejemplo y no moverse tanto en la calculada ambigüedad, no sólo asumiendo sus errores, sino yéndose a sus casas para no colaborar diariamente al disparate nacional que desencanta al más entusiasta.
Señores y señoras de la política del esfuerzo y el sacrificio, no sean tan abnegados, y convénzanse que si ustedes se marchan, no nos van a dejar en al desconsuelo y llorando por las esquinas, y tal vez nos recuerden a aquella copla de león y Solano de los Tres puñales, el primero el de nuestra in diferencia, por la cara tan dura de la que hacen gala, el segundo el de la traición, por la poca vergüenza y la falta de compromiso, y el tercero el de su falta de valentía para colocar nuestros intereses por delante de los suyos.