La credulidad
Me intriga mucho el poco interés con que se estudia la facilidad excesiva para creer las cosas. Somos crédulos por naturaleza, pero con la aparición del lenguaje las cosas cambian.. No se trata de creer en lo que veo, sino en lo que me dicen, y vivimos como el lenguaje sirve como sustituto de la experiencia, sin ninguna garantía.
Con la palabra nace la comunicación, pero también la mentira y nuestra maquinaria de formar creencias resulta engañada con facilidad. Los medios de comunicación favorecen ese engaño porque pueden crear un simulacro de realidad.
La credulidad que es un rechazo mecánico a toda crítica, una aceptación pasiva de lo que llega por canales cualificados, es un dramático fracaso de la inteligencia. En el otro extremo , la desconfianza radical, el régimen permanente de sospecha, también lo es.
Popper decía: ”Conviene que combatan las ideas, para que no tengan que combatir las personas” El uso racional de la inteligencia, indispensable para convivir, se concreta en dos grandes dominios de evidencias universales : la ciencia y la ética.
Virginia Wolf manifestaba que “a la gente le gusta sentir, sea lo que sea”. Nada teme más el ser humano que la anestesia afectiva. Prefiere con frecuencia el infierno al limbo.. La vanidad es un deseo estúpido y con frecuencia ruinoso. Los que presumen de lo que carecen, no logran alcanzar lo que no tienen por mucho que se engañen o compren voluntades.
Ser amable es mucho más barato, nos evita perder mucho tiempo y previene de enfrentamientos y conflictos innecesarios, además de ser sano. Quienes piensan en odiar y vengarse son sus principales víctimas. Los que viven para la envidia no disfrutan del placer.´
inteligencia, nuestro gran recurso, resulta zarandeada por sentimientos que en ocasiones no sabe manejar. Hay personalidades que parecen poco dotadas para la felicidad, porque en cada bache ven un precipicio y en cada decepción una tragedia.
En la vida real, no en la leída, quien no prefiere la alegría a la tristeza, la serenidad a la angustia, el ánimo a la depresión, la exaltación a la melancolía, el amor a la envidia, la generosidad al odio, la intrepidez a la medrosidad. La envidia es un estilo afectivo. Todos podemos “envidiar” a alguien más guapo, más poderoso, más feliz, más gracioso. Siempre hay alguien que nos gana en algo.
La envidia es hija de la soberbia y de la pequeñez, y nos percatamos que es un sentimiento vergonzoso. Tal vez por ello nadie se atreve a confesar que envidia a otro; más pronto reconocería que está airado o que odia o incluso que teme, pues tales pasiones son menos vergonzosas e inocuas. Esto revela que, para el mismo sujeto que lo siente, la envidia es manifestación de una carencia.
Cuando el tiempo pasa, y como dice Pablo Milanés en su canción “nos vamos haciendo viejos” descubrimos el valor del hoy y el ahora. En el panorama político reforzar cosas, sino actitudes, ideas y comportamientos.. La aventura más apasionante es gozar de cada minuto de la vida y arrinconar el aburrimiento.
Siempre debemos estar dispuestos a regalar una sonrisa, aunque nos sintamos tristes, y creamos que no hay solución a nuestros problemas. Hay quienes no están porque no existen, y otros que aunque ocupen espacio y tiempo no dicen ni aportan nada.