Juan Antonio Palacios

Las malas formas

De una actitud autócrata a otra demócrata, va el trayecto de las malas a las buenas formas. Los que practican las primeras suelen ser embusteros, perjuros y traidores a ellos mismos y al resto de la humanidad. Hemos de aprender a escuchar y saber verbalizar lo que pensamos y lo que sentimos

Saber caminar por la vida escuchando a los demás, teniéndoles respeto, en nuestras palabras y en nuestras formas de comportarnos, es considerarlos de tú a tú, y no desde ninguna atalaya de soberbia o superioridad., con vocación de dialogar y poder acordar.

De una actitud autócrata a otra demócrata, va el trayecto de las malas a las buenas formas. Los que practican las primeras suelen ser embusteros, perjuros y traidores a ellos mismos y al resto de la humanidad. Hemos de aprender a escuchar y saber verbalizar lo que pensamos y lo que sentimos.

En este laberinto en el que nos ha tocado vivir, hay quienes andan perdidos yendo de un lado para otro, cual lunáticos en busca de cual es su papel en la vida. Se empeñan permanentemente en ser una cosa y ejercen de todo lo contrario, parecen que van en una dirección y sin embargo caminan en sentido opuesto, hablan de rectitud y son los más inmorales y corruptos, y se escudan tras murallas inexpugnables para ocultar sus vergüenzas e inseguridades.

Vamos, cada vez más, hacia una sociedad más tecnificada, pero en el que todavía hay numerosos analfabetos de ese lenguaje. Son de esa clase de gente instalados en la constante estrategia de la constante estrategia de la confusión, que resulta más alarmante, grave y evidente, cuando el sujeto en cuestión es alguien con una responsabilidad pública, uno de esos actores en busca de un autor con la misión de conseguir que las cosas función y que vivamos mejor.

Resulta alucinante que estos personajes no sean capaces de sintonizar con las demandas y los sentimientos de la ciudadanía ni manejar los desacuerdos antes que se conviertan en incomunicaciones y abismos insalvables, ni intenten resolver los problemas para evitar que se transformen en conflictos sin solución.

Es importante hacer de nuestras vidas un ejemplo, ejerciendo una pedagogía desde el ejercicio del poder. Los personajes públicos inteligentes, aquellos que utilizan hábilmente el sentido común y están siempre dispuestos a saber y entender que el liderazgo no tiene que ver con el control de los demás, sino con el arte de persuadirles y convencerles, para ser protagonistas y colaborar en la construcción de un objetivo común.

Mientras aquellos que tienen un concepto personalista y degradante de la política, actúan presos de un narcisismo en el que los demás no existen, salvo en la condición de espejos de si mismos. Alimentan una sensación de ser únicos e importantes, aunque solo son el envolvente de un vacío de ideas, sin discurso ni proyectos y una ausencia total de ética e integridad personal.

Estos individuos mantienen el manto de la oscuridad sobre sus decisiones y reaccionan a cualquier crítica con enorme dosis de rabia, no comprendiendo que alguien paga en cuestión su criterio y actuación. Exageran sus logros y capacidades. Todo lo bueno que ocurre es gracias a ellos, y lo malo es culpa de los otros.

Sus fantasías de éxito, poder y brillo han de ser reforzados continuamente por una corte de plebeyos y bufones a sueldo que le profesan atención y admiración constantes, por ser quien les paga. Cuando esto no ocurra, la cosa cambiará, y es que en el caso de esta camarilla “no existe un interés más desinteresado”.

Dueños y poseedores del cargo que se les ha otorgado por la voluntad popular y en el colmo de su megalomanía, no dudan en eliminar a sus posibles competidores en la carrera hacia el poder, subyugando y dominando a los débiles mediante la amenaza y comprando y utilizando a los demás