Malos modos
Entre los fondos y las formas, los malos modos no son el mejor camino para lograr conseguir nuestros objetivos, ni en lo individual ni en lo colectivo. La vida está llena de buenos y malos momentos de tiempos felices e infelices, de alegrías y tristezas, de luces y sombras, de quienes se relacionan con los demás desde el respeto o los que solo saben usar las malas maneras y la falta de educación.
Hay quienes en esta permanente ciclotimia, se quedan siempre entre lo malo y lo peor, en una especie de pesimismo militante que le instala irremediablemente en la melancolía, y están lo que se enganchan a lo bueno y lo mejor, con un optimismo que además de no ser real, acaba de aniquilar cualquier avance, en un estéril intento de ignorar las dificultades y presuponer que todo es idílico.
A lo largo de nuestro paso por este maravilloso lugar que llamamos Tierra, de este ser sin estar y estar sin ser, de esta cosa que es un caso, de este caso que es una cosa, de esta existencia en un ir y venir de contrastes y contradicciones, equilibrios y desequilibrios, paces y guerras, agresiones y besos, de acuerdos y desacuerdos, nuestras relaciones con nuestros semejantes son un poema, entre la cordura y la locura, o como los buenos se contagian de los modos inconvenientes de los malos.
En ocasiones impera la generosidad y en otras el egoísmo, y a veces triunfa la calidad y en otras la vulgaridad. Desde las mal altas instancias de la vida pública a nivel internacional y nacional dominan los malos modos sobre la capacidad de diálogo y el reconocimiento de los otros.
Nos gustaría en un mundo donde se fomentan los enfrentamientos,y los odios, los niños aprendieran a jugar y no vieran tantos crímenes por la televisión o que aprendiéramos a hacernos más preguntas que tener más falsas respuestas, a contar sus propias historias y no a que se las dicten.
Lo diabólico y pernicioso, es que cada vez, es que cada vez hay más productos tóxicos que causan más victimas a pesar de las campañas de mentalización y en contra, algo falla, que un niño de cualquier país de nuestro mundo desarrollado se le tapa el rostro en su aparición en los medios de comunicación para preservar sus derechos.
Es sorprendente, comprobar como la estadística, que se ocupa de la obtención, organización y análisis de la información numérica que recibimos, tenga cada vez un papel más importante en este mundo sumamente complejo que hemos construido y como los tiranos cada vez sólo consideran ideología aquellas ideas con las que no están de acuerdo.
Nos someten a tal bombardeo de datos que nos paralizan y nos convierten en seres incapaces de tomar decisiones inteligentes. Cuando cada uno de nosotros, simples mortales del mundo mundial, abrimos el periódico, ojalá que cada día fueran más, escuchamos la radio o vemos la televisión, los titulares nos escupen lo que ocurre por cada uno de los rincones de esta gran pelota que es nuestro planeta azul.
Seamos amables y preguntémonos si existirá algún modo de evitar las luchas del poder en que nos esforzamos la mayoría de los humanos o como podemos pasar por ellas sin sufrir daños innecesarios. Tal vez lo más malo y lo más bueno de este invento sea nuestra capacidad para elegir con libertad, para poder renunciar en cualquier momento a todo lo que se nos ofrece de forma atractiva la publicidad de la ecuación entre consumo y poder, de que somos capaces de demostrar que no tenemos miedo ni al poder ni al dinero, de que todavía preferimos mil veces hacer el amor y no la guerra.