Juan Antonio Palacios

Nuestro pequeño mundo

Permítanme una reflexión sobre el mundo en el que vivimos y conocemos, que en ocasiones lo imaginamos grandioso y sin límites, y otras como un punto insignificante en el universo sin fin

No piensen que voy a resucitar la fonoteca de ese grupo que nació, allá por el final de los sesenta, a pesar de que hacían una música que resultaba gratificante escuchar. No, queridos lectores, permítanme una reflexión sobre el mundo en el que vivimos y conocemos, que en ocasiones lo imaginamos grandioso y sin límites, y otras como un punto insignificante en el universo sin fin.

Eso nos hace tomar conciencia de que somos los más importantes o de la relatividad de nuestro pequeño papel. De que en demasiadas ocasiones una excesiva personalización de la experiencia nos priva de una visión más amplia de todo lo real y lo imaginable, de que lo mismo inventamos personajes e historias fantásticas, que acabamos reduciendo lo existente a lo queremos, sin pararnos a pensar que más allá de nuestras narices es posible encontrar o descubrir otras cosas y otras gentes.

Nos pasamos la vida en un ir y venir, de aquí para allá, asumiendo la cara y la cruz de cada día, en un peregrinaje entre lo que nos gusta y lo que no, entre el placer y el dolor, disfrutando de las dulces mieles de los efímeros triunfos, entre el avance y la retirada ante los problemas y las situaciones difíciles.

Hemos de intentar sacar el máximo partido a nuestras virtudes y enmascarando nuestras debilidades, cubriendo con los ropajes a que nos obliga la convivencia nuestras propias miserias y decorando con todo tipo de luces y colores las pequeñas cualidades. Lo fantástico de todo este apasionante proceso, es que nos enriquezcamos y contribuyamos a mejorar la sociedad.

Es sano y necesario para nuestro equilibrio psicosomático que dispongamos de nuestro espacio y nuestro tiempo, que conservemos el sentido y el sentimiento de lo propio, de lo privad o de lo íntimo, pero lo que resulta empobrecedor y limitativo es que sólo seamos aptos para mirarnos en el espejo, para contemplarnos el ombligo, o creer que el único objeto y sujeto digno de interés somos nosotros mismos.

Esto termina por hacernos muy pequeños y producir una óptica distorsionada de la realidad, que siempre tenemos la tensión de plegar a nuestros pensamientos y deseos, y cómo es posible en muchas ocasiones nos conduce a la insatisfacción y al conflicto personal y con los demás.

Un político que se precie en cualquier rincón del mundo, no puede ni debe mirar solo para si, sino terminará hundiéndose en el océano de la decadencia y de la falta de perspectivas en el futuro. No se puede confiar el gobierno de nuestros asuntos a quienes quieren permanecer en la catetez delensimismamiento, la egolatría y la autocomplacencia de ellos mismos, sin más perspectivas de o “yo o el caos”.

Debemos abrirnos y ampliarnos en nuestro visión como ciudadanos, siendo elementos activos de cualquier cambio que se produzca en los territorios en los que habitamos y hemos de exigirles a los responsables políticos que sus discursos, sus planes de actuación, sean capaces de proyectar su trabajo para aspirar a ostentar sus liderazgos en todos los aspectos, creando una corriente de doble dirección a través de la que aprendamos y enseñemos, demos y recibamos.

Encerrarnos en la tediosa monotonía de nuestro espacio, hacer siempre las mismas locuras hasta que lleguemos a transformarlas en normales, emplear el lenguaje políticamente correcto, cometer los errores habituales, ser presos de la rutina y dejar pasar las grandes ocasiones de disfrutar este viaje entre el nacer y el morir. Probablemente nos estemos perdiendo la ocasión de colocarnos otras lentes, de mirar con otros ojos, de pensar y razonar de forma diferente, de descubrir que también existen flores en el desierto, de explorar otras posibilidades y sentir que formamos parte de una maravillosa especie que es la humanidad, de reforzar el papel de lo local dentro de lo global y afirmar con Solzenicyn que “nuestra salvación depende solamente de hacer que todo concierna a todo el mundo”.