Sin poder esperar
Nuestros pensamientos y actuaciones, exigen de nosotros un tiempo de reflexión y reposo, antes de ser dados a conocer, en definitiva saber controlar y dominar el alboroto, el desasosiego y la desazón en la que algunos nos quieren meter.
La vida de la inmediatez a la que nos vemos sometidos en la actualidad no nos deja paz interior ni nos permite relajarnos, con lo que cuando tenemos pendiente algo, nos sentimos invadidos de una inquietud y sin poder esperar, porque exigimos ver las cosas completadas en el momento o, en el aquí y ahora.
En este estado de excitación y nerviosismo, no podemos concentrarnos porque los miedos irracionales nos impiden focalizar la atención y nos sentimos atraídos por otras cosas. Podemos y debemos clasificar lo que nos preocupa, es decir si es importante, urgente o puede esperar y cuanto afecta todo esto a nuestra vida cotidiana.
No tenemos que atormentarnos en cuál es la mejor solución, algunas cosas no la tienen, y es por que no están en nuestras manos. En la vida política asistimos a amenazas que sabemos que no se cumplirán por mucho tiempo que le demos.
Como por ejemplo el anuncio del líder de VOX, Santiago Abascal, que ha advertido que “se considerarán rotos todos los gobiernos regionales” que comparte con el PP si este acepta el reparto de menores inmigrantes m llegados a Canarias, Ceuta y Melilla, mientras que Alberto Núñez Feijóo garantizó la “solidaridad “ de las comunidades que gobierna su partido ¿Se lo creen ustedes?
Sabiendo esperar, el tiempo pone y quita razones, y no podemos olvidar que la actividad pública no es nunca baladí, ni inocente, pero siempre entraña riesgos, y la mentira se enlaza con la traición y esta con el desprecio. Es una estrategia muy practicada con el objetivo de ganar tiempo, dejar que las aguas estancadas se pudran, sin reparar que no solo acaban oliendo mal, sino denunciándonos que la corrupción invalida los controles de las instituciones.
Si no podemos esperar, hay ocasiones que las cosas no son lo que son, aunque en ocasiones nos parezcan que lo son y en otras se asemejan a lo que nos gustarían que fuesen, entre paradojas y contradicciones que resultan difíciles de explicar por mucha dialéctica y argumentaciones que empleemos.
En estos tiempos, de prisas que corren, hay políticos con discurso y palabras perdidas sin personaje público que llevarse a la boca. Partidos con programas y programas sin partido, gobiernos sin gobernantes, y dirigentes del vacío, objetivos inalcanzables y otros a la mano de cualquier insensato.
Es peligroso instalarnos en el disparate y el despropósito, lejos del dialogo y prisioneros del enfrentamiento, mas envueltos en los desacuerdos que guiados por los acuerdos, entre penas y alegrías, derechos y deberes, símbolos que unen y banderas que dividen, presentes sin futuro y pasados olvidados, cobardes que parecen héroes y valientes de la cotidianidad.
Hemos de saber esperar para tomar la decisión oportuna en el momento adecuado, ejerciendo nuestro papel sin ser viejos que parecen jóvenes ni adolescentes que se sienten ancianos. Hay ciegos que ven, y videntes incapaces de descubrir lo que tienen delante de las narices, oyentes que son sordos por muy claro y alto que se les hable y gente con unos tapones en los oídos que no escuchan nada de lo que sucede alrededor.
A la ciudadanía cada día le importa más los actos que las promesas, prefiere la realidad a la ficción, y se aburre de crónicas y leyendas en las que les prometen un mundo sobre el que no les han preguntado, o se indignan ante el olvido y esperan sin fin una especie de espectáculo a la gloria.