De hijo a Padre

El Gran Poder manda hasta con la nuca. No importa que se marche andando y vaya de espaldas, que le niegue la cara a la luna. El Señor camina hacia tu despedida
Una instantánea eterna, de Dios yéndose pero llegando. - Antonio Sánchez Carrasco
Una instantánea eterna, de Dios yéndose pero llegando. - Antonio Sánchez Carrasco

El Gran Poder manda hasta con la nuca. No importa que se marche andando y vaya de espaldas, que le niegue la cara a la luna. El Señor camina hacia tu despedida y sigue mandando en tus horas con su melena, con su pelo caído en la espalda de las horas. Sí. El Gran Poder manda hasta con la nuca. Negro sobre morado, pelo sobre túnica, zancada sobre el universo que Él creó.


Hoy he vuelto a sentir el repeluco de Dios. Me lo ha recordado un tuit de Pepe Luis Trujillo y lo subraya su permanente presencia en mi casa y en el hogar de mi alma. Esta fotografía -este evangelio fotográfico- que firmó Antonio Sánchez Carrasco ha cumplido cuatro años. Estoy por celebrarlo en mi querido Bar Taquilla, rodeado de gente azul y noble. Cuatro años de un disparo directo al alma, de una instantánea eterna, de Dios yéndose pero llegando, porque cuando el Gran Poder te pasa por delante y se va, está llegando otra vez a ti.


El Dios del perdón mirando a la puerta del perdón. Quien lo concede, pidiéndolo. El dueño de todas las cosas mirando a una entrada de la casa grande. Cargado y a solas con sus pensamientos.


Aquel arco que marca el horizonte es el destino de un Dios que manda hasta con la nuca, que siempre conoce tus cuentas pendientes y sube la pendiente que conduce a tus cuentas con el cielo. Es el Señor de Sevilla y el Gran Poder... lo sabe.


Año de la misericordia. Cuatro años de este documento foto-periodístico que firmó Sánchez Carrasco, esta locura de imagen que retrata la divinidad, la luz de la fe, el tiempo detenido, las leyes de la física arrancadas de cuajo. Esta foto demuestra que en una calle angosta de esta ciudad cabe todo el amor del mundo. De lado a lado, de arriba a abajo, como la señal de la cruz.


Hoy he vuelto a sentir el latigazo de la fe, la angustia de ver que se marcha aunque se quede, la importancia de verle la espalda a Dios, la misma que flagelo cada día. Lleva su cruz y esa forma tan suya de caminar. He vuelto a recordar a mi padre, el hombre que me enseñó a querer con locura al Señor cuando llega... y cuando se está marchando, aunque siempre se quede. Está andando el Gran Poder por mi pensamiento y no hay en el mundo algo más serio que los pasos que da el Señor, con ese talón comido a besos, gastado a caricias, llorado a miradas, anhelado siempre. Estoy delante de la foto de Sánchez Carrasco y me acuerdo de mi padre, el de carne y hueso, el mismo que me hizo guardar silencio la primera vez que vimos juntos al Señor. Y lloraba. Fue la única ocasión en la que vi llorar a mi padre. Y ahora, querido Antonio, tu foto me está haciendo llorar a mí. De amor a Dios.