Luis Eduardo Siles

Café Gijón

Hay en el Gijón cuadros con la imagen de Umbral, de Cela, de Fernán Gómez, y de otros contertulios que en su día proporcionaron brillo y prestigio intelectual al local
Café Gijón de Madrid. -
Café Gijón de Madrid. -

Acudo al Café Gijón de Madrid en busca de “un poco de tiempo en estado puro”, como decía Proust. Aunque en el interior del Café el tiempo parece detenido, siempre es el mismo, con esa atmósfera cálida que envuelve la profundidad sepia del gran salón, su hondura de olor a café, con un tintineo sacristán de cucharillas, un tiempo que parece no avanzar, aunque hayan transcurrido muchos años desde la primera vez que entré aquí para escribir en un velador del fondo un artículo para la revista ‘Ozono’ en el que describía al Gijón como “el Café literario y oscuro, artista y bohemio” de cuando entonces. En Madrid han desaparecido casi todos los cafés literarios, que había muchos, con personalidad propia y renombre, como el Lyon, y ya nadie pide, claro, al camarero “recado de escribir”, como era costumbre en la época de César González Ruano, que consistía en que el camarero te trajera a la mesa una bandejita plateada con cuartillas, tintero y una pluma estilográfica, para hacer el artículo del día, que luego se introducía en un sobre y el botones lo llevaba al periódico. De modo que yo acudo con un pequeño ordenador portátil y me siento en una mesa junto a la cristalera que da al Paseo de Recoletos, para escribir este artículo. Que uno lleva 48 años firmando crónicas ininterrumpidamente. 

Hay en el Gijón cuadros con la imagen de Umbral, de Cela, de Fernán Gómez, y de otros contertulios que en su día proporcionaron brillo y prestigio intelectual al local. Ahora llegan numerosos turistas atraídos por la vieja historia del sitio, por su leyenda, y piden un vino español, pero el Café conserva su rumor de conversación, el sonido imperturbable de las tertulias, con visitas esporádicas de Ana Rossetti o de Pérez Reverte. Manuel Vicent, que era un habitual, de tertulia diaria con los actores Álvaro de Luna y Manuel Alexandre (ya fallecidos ambos), hace tiempo que no viene, aunque hoy, que es sábado (cuando hago este artículo), escribe en el periódico: “En el Gijón, cada uno aportaba su idea para saltar de esta vida hacia la otra parte”. Es decir, en el Café se pega la hebra sobre cualquier asunto. La cuestión es hablar por hablar. También viene alguna vez por el Gijón el joven y sensacional escritor jiennense David Uclés, la extraordinaria revelación última de las letras españolas con ‘La península de las casas vacías’. Jaén da literatos colosales. Y, sentado tranquilamente junto al ventanal, pido un café y una tostada. Después, escribo. Como toda mi vida.