Derechones

Abascal. - EFE
Lo que viene políticamente en España es la División Azul. Vox ha crecido exponencialmente en los recientes comicios de Aragón y Extremadura, y aspira a dar en las generales el ‘sorpasso’ al PP

Lo que viene políticamente en España es la División Azul. El periodista andaluz Ángel Munárriz ha contado en ‘El País’ que el cabeza de lista de Vox a las Cortes Aragonesas, Alejandro Nolasco, es un consumado exaltador de la División Azul. En esas estamos. Vox ha crecido exponencialmente en los recientes comicios de Aragón y Extremadura, y aspira a dar en las generales el ‘sorpasso’ al PP, como Julio Anguita trabajaba en los 90 para que IU superara al PSOE a base de “programa, programa, programa”, salvo que el programa de Vox está hecho de negaciones y se sustenta en el tremendo malestar de la gente, sobre todo de los jóvenes, hacia la política bipartidista. La derechona de toda la vida ha vuelto, la vieja derecha monumental con sus caballos de hierro quiere gobernar, y no hay que negar la realidad de este crecimiento, sino prestarle la máxima atención. Vox, siendo algo tan antiguo, porque sus raíces arrancan de los postulados de la Enciclopedia Álvarez (“sintética, intuitiva y práctica”) que estudiaban los colegiales de los años 50 y 60 bajo la amenaza de palmeta del maestro, parece políticamente lo nuevo, lo último. Vox no es fascismo, sino una derechona demodé y un franquismo modernizado. Por ejemplo el eurodiputado Jorge Buxadé. Porque Santiago Abascal está hecho de ideología agraria y testosterona (cuando sube al estrado, porque después, dicen, es todo amabilidad y educación en el trato directo con el personal). Y a Vox, hasta ahora, lo han ayudado muchos. Felipe González ha explicado en el Ateneo madrileño que algunos componentes del Gobierno le han reconocido como algo obvio que en su día promovieron a Vox para perjudicar al PP, y que esa estrategia se les ha ido de las manos.

El PP, mientras, se ha instalado en el desconcierto. La mayoría de sus estrategias terminan por favorecer a Vox. Algunas tan extravagantes como invitar al provocador ultra Vito Quiles al acto de cierre de campaña en Aragón. Tal idea indica una desorientación política descomunal. Los populares se desenvolvieron con acierto cuando se encontraron entre Ciudadanos y Vox, pero ahora son víctimas de la ansiedad. La interminable espera de las elecciones generales les está provocando anemia política. No aciertan a gestionar las polémicas. Y repiten despropósitos. Como el alcalde de Móstoles, acusado por una concejala de acoso sexual, que en lugar de dar públicamente explicaciones claras, le pregunta agriamente a un periodista: “¿Y tú como ligas?”. Arriba España.