El rinoceronte

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a su bajada del Air Force One. | Europa Press.
La intervención comandada por Donald Trump en Venezuela con el secuestro de Nicolás Maduro únicamente puede explicarse desde el teatro del absurdo

Los dramaturgos europeos solo encontraron la manera de contar el horror de la Segunda Guerra Mundial mediante el teatro del absurdo. De ahí el rinoceronte de Ionesco. O el Godot de Samuel Beckett. La intervención comandada por Donald Trump en Venezuela con el secuestro de Nicolás Maduro únicamente puede explicarse también desde el teatro del absurdo. Trump hace bailecitos ridículos en los mítines como moviéndose bajo la música inexistente de la cantante calva. La lógica indicaba que un ataque de Estados Unidos a Venezuela sólo se justificaría como un paso hacia la democratización del país. Pero lo que ha llegado es Trump para pilotar la revolución bolivariana. El mejor absurdo, sí. A Trump no le importa la democracia, sino el petróleo. Es decir, el negocio. Tiene en vilo al mundo porque en enero de 2025 irrumpió en la presidencia norteamericana con el decidido propósito de hacer negocios de Estado, que son los de peso, una vez que consideró poco sus manejos en casinos y Wall Street. El Roto expresó lo acontecido en Venezuela como nadie en una viñeta en ‘El País’: los tres camellos reales llegan solos y alarmados, gritando: “¡Papa Noel ha secuestrado a los Reyes Magos y ha robado los juguetes!”. Gran metáfora de lo ocurrido.

Y ahora EEUU pone el objetivo en Groenlandia, con el argumento expresado por el asesor presidencial Stephen Miller: “Somos una superpotencia. Y con el presidente Trump nos comportaremos como tal”. Europa se ha humillado demasiado en espera de un apaciguamiento de Trump, que no llegó. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, llama “daddy” a Trump. Y el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, ha alardeado de conocer la fórmula de halagar al norteamericano insaciable. Pedro Sánchez (hay que subrayarlo) es el mandatario europeo que con mayor dureza se ha manifestado contra Trump. Aunque dentro de un orden, claro. Y en el asunto venezolano el PP tampoco ha estado claro, ninguno de los tres partidos populares que conviven bajo esas siglas: el de Feijóo, el de Ayuso, y el de Aznar/FAES. Cada cual con una valoración.

La política trumpista exhala testosterona y cojonazos. No hay en ese círculo de poder una mujer que pudiera poner cordura. Y la demócrata Kamala Harris se envolvió en melancolía tras el desastre electoral de las presidenciales. Vivimos días inciertos y terribles. “Mi moralidad es el único límite de mi poder”, ha dicho Trump. El rinoceronte se ha puesto al frente de EEUU. El nuevo fascismo ya está aquí.