El sanchismo

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el secretario general del PSOE de Extremadura y candidato a la Presidencia de la Junta, Miguel Ángel Gallardo. | EP
El sanchismo fue una ensoñación de limpieza democrática, como la República Catalana fue una ensoñación para los ideólogos del ‘procés’. En definitiva: la nada

El Gobierno y el PSOE atraviesan la situación de mayor complicación de la legislatura. Entre la ‘periodista de investigación’ Leire Díez y la bragueta desatada de Francisco Salazar, cremallera arriba, cremallera abajo, el libro ‘Manual de Resistencia’, de Pedro Sánchez, que oscilaba entre el ensayo y las memorias, ha pasado a convertirse en una novela negra. “Qué buen vasallo si tuviera buen señor”, decían los escritos sobre el Cid Campeador. Qué buen pueblo si tuviera buenos gobernantes, cabría expresar del gentío español, que estos días compra figuras para el belén en la Plaza Mayor de Madrid, mientras ‘la Paqui’, esposa de Santos Cerdán, ya no tiene su apreciadísima tarjeta de crédito para fundírsela en El Corte Inglés.

El sanchismo fue una ensoñación de limpieza democrática, como la República Catalana fue una ensoñación para los ideólogos del ‘procés’. En definitiva: la nada. El sanchismo lucha para no derrumbarse como esas torres de las iglesias que caen sepultadas bajo las aguas devastadoras de los pantanos. Aunque el sanchismo, que es una fe pagana, sigue dispuesto a sobrevivir. Porque Sánchez lo ideó todo para el ‘después de mí, nada’. De modo que Amparo Rubiales, que en 1994 era una lideresa renovadora y felipista radical, anda ahora recogiendo firmas para la expulsión de Felipe González del PSOE, según comentó Celia Villalobos ante Susana Díaz en ‘Onda Cero’. El sanchismo, pues, ha provocado un peligroso delirio político entre algunos/as, como la señora Rubiales, que en su día también padeció un felipismo delirante. Porque FG era tan derechas entonces como ahora, siempre calzó ideológicamente una derechona ‘malteñida’ de rojo, y de ahí que Francisco Umbral (disculpen mi reiteración en citar a este autor, pero es que no he leído a otros), creara el término de ‘infrarrojos’ para nombrar a aquellos socialistas guais de la jet, del OTAN de entrada no, y de la oscura expropiación de Rumasa. El felipismo está levantisco contra Sánchez. Lo dijo Alfonso Guerra (ahora felipista) en un homenaje al fallecido Javier Lambán, dirigente crítico: “Vivimos un mundo político en el que con frecuencia se relega a permanecer en la orilla a los capitanes con destreza y experiencia, mientras se entrega el gobernalle de los barcos a los grumetes”. Y algunos de esos grumetes son además unos consumados frikis. Le escribía Koldo a su señora: “El hp del putero está por Madrid de fiesta en fiesta gastándose la pasta”. La política sanchista no está herida. Está mordida.