Luis Eduardo Siles

F. Umbral

Y él sigue vivo 18 años después de su muerte. Ejerce aún una influencia notabilísima en novelistas y articulistas
Paco Umbral, el niño raro. - RTVE
Paco Umbral, el niño raro. - RTVE

Hay que hacer el artículo sobre Francisco Umbral, con cualquier excusa, pero ahora se cumplen 50 años de la publicación de ‘Mortal y rosa’, su obra cumbre, libro desgarrador y hermosísimo, y lo reedita Austral con prólogo amplio y sabio de Santos Sanz Villanueva. “Haber mordido, al fin, el grito roto de tu vida”, escribe Umbral. Pero de ‘Mortal y rosa’ ya he hablado otras veces en este periódico, o en otro, y me centro ahora en otra deslumbrante novela del autor recientemente reeditada, ‘La forja de un ladrón’.

Porque Umbral sostuvo que él quería dar en su prosa “cosas”, que el libro estuviese “vivo”, objetivo último que logró casi siempre, aunque algunos rezagados se refirieron despectivamente a la “prosa sonajero” de F.U. Umbral practicó como estilo un quietismo literario, llamémoslo así, muy en la corriente de Proust, pero sus libros están llenos de ideas, de inteligencia, incluso lo que dicen puede servir como una guía de vida para el lector avezado. Lentitud literaria, sí, en medio de una prosa sublime, que mece la sintaxis y asombra en los adjetivos. De descripciones únicas, impactantes: “El señor Cernuda era grisáceo, coñón, delgado y un poco tembloroso, con los ojos muy vivos”. O, de repente, con greguerías inesperadas: “El cine es la vida de los que no viven”.

Hermosa lentitud literaria, como en su olvidada novela ‘Si hubiéramos sabido que el amor era eso’. Pero a partir de 1988, a raíz de ‘Un carnívoro cuchillo’, Umbral, aunque fiel a sus características literarias, experimentó  a veces con la novela negra, con el thriller policíaco sin llegar al thriller, y ahí está ‘La forja de un ladrón’, novela que ganó en 1997 el Fernando Lara. Umbral cultivó en sus libros el perfil canalla de la vida. Y lo hizo para aminorar el tono abiertamente poético de su escritura. Lo canalla soluble en lo poético. Y esto se hace especialmente perceptible  en ‘La forja…’, donde hay robos, persecuciones, un crimen, con algo del ‘Lazarillo’ y mucho de Umbral. “Ingrid tenía la lujuria clara de la castidad”.

El lector queda atrapado en la acción y en la atmósfera, como en un libro de Simenon. “Siempre hay una raza de españoles que han hecho algo malo”. Todo sucede en la dura posguerra. Umbral, ya está dicho, buscó obsesivamente que su prosa estuviese viva. Y él sigue vivo 18 años después de su muerte. Ejerce aún una influencia notabilísima en novelistas y articulistas. “Umbral murió resucitando”, ha escrito Ángel Antonio Herrera. Inmortal y rosa, Umbral murió, sí, resucitando.