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Felipe González y Pedro Sánchez. - EP
Pedro Sánchez debió considerar en su primera época de secretario general del PSOE que resultaba necesario romper con el cadáver del padre, y de ahí su alejamiento desde el principio de Felipe González

Apollinaire escribió que no se puede llevar siempre consigo el cadáver del padre, un alegato en favor de las vanguardias artísticas, y Ángel García Pintado, dramaturgo español, publicó en 1980 ‘El cadáver del padre’, libro inspirado en las tesis de Apollinaire pero enfocado al teatro español, en el que defendía un teatro no psicológico y de estética decididamente rompedora frente al realismo dominante entonces. El crítico teatral Moisés Pérez Coterillo lo consideró “un libro de cabecera”. Las teorías de ‘El cadáver del padre’ fracasaron en aquellos años, pero han fraguado en el teatro actual, generalmente envuelto en un velo poético.

Pedro Sánchez debió considerar en su primera época de secretario general del PSOE que resultaba necesario romper con el cadáver del padre, y de ahí su alejamiento desde el principio de Felipe González, figura política venerada durante décadas entre los socialistas. “La vida es un pacto”, repetía en sus artículos Haro Tecglen. Pero Sánchez leyó que en los nuevos tiempos había que acabar con ciertos pactos en política. De ahí vino el “no es no”: su rotunda negativa a votar en favor de la investidura de Rajoy. Le supuso abandonar la dirección del partido. Cabe preguntarse ahora si aquel PSOE de ideario bipartidista que propugnaba Susana Díaz estaba abocado a la intrascendencia. Como también se ignora qué ocurrirá con el PSOE tras la marcha de Sánchez. Pero el joven Sánchez acertó a leer rápido la polarización política que venía, y que ahora se ha asentado en los parlamentos, todavía más del mundo que en España. Trump emitía entonces las primeras señales desde EEUU. Y aquí Pablo Iglesias, y también, pero en menor medida, Sánchez, rompían con la Transición. Y todo ello ha derivado en un monumental enfado político de FG, que ha afirmado en el Ateneo madrileño que no votará al PSOE, su partido, si Sánchez continúa de candidato, y que le parece peor pactar con EH Bildu que con Vox. Felipe sufre un enfado que viene más de la psicología que de la política. Se trata de una persona con un ego incontrolable, que añora la adoración que le profesaban las bases y cuadros del partido. Ideológicamente González es infrarrojo. Las heridas con Sánchez se curarán con el tiempo. Pero ahora la lucha es otra. Simenon escribió en una novela que el comisario Maigret defendía a la sociedad “de los rufianes”. Quizás el futuro de la izquierda en España pase por un entendimiento entre Sánchez y un Gabriel Rufián reforzado. De los rufianes. Veremos.