Gemma Cuervo
Gemma Cuervo fue lo que se llama una ‘gran dama del teatro’. Pertenecía (Barcelona 1934-Madrid 2026) a una generación que se extingue (como Raúl del Pozo en el periodismo). Hizo mucha televisión, algo de cine, pero destacó, sobre todo, en el teatro. Tuvo un gran éxito en 1980 con ‘Contradanza’, de Francisco Ors. Ors era un ‘bon vivant’, valenciano, diminuto y con cabeza helena, moderadamente amanerado, cultísimo, que escribió dos piezas que se estrenaron con inmenso éxito, y que pudiera pertenecer a la genealogía de personajes que Luis Antonio de Villena incluye en sus libros. Tenía permanentemente reservada una habitación en el Hotel Ritz. Frecuentaba con aires de indiferencia el Gijón. José Tamayo, el gran director teatral de la época, se hizo cargo de ‘Contradanza’, obra muy shakesperiana, en la que la reina de Inglaterra era un hombre. La noche del ensayo general me presentaron a Gemma Cuervo, y hablé con ella (yo escribía crítica teatral entonces) pero sin decirle, por timidez, lo que pensaba. Porque ella sostenía el peso de la función sobre sus hombros, con sus enormes registros de actriz, que la llevaban a hacer drama o comedia, siempre creíble, siempre espléndida. Había una diferencia abismal entre el protagonista masculino y ella en aquel remoto estreno. En cine no tuvo ningún personaje destacado en la treintena de películas que rodó. María Asquerino, por ejemplo, otra dama del teatro, la “trasnochatriz” que decía Francisco Umbral, sí halló ese personaje en ‘Surcos’. Pero la gran película que protagonizó Gemma Cuervo, ‘El mundo sigue’, de Fernán Gómez, la prohibió la censura. Luego se ha proyectado para cinéfilos y ha quedado como película de culto. Consistía en un colosal dibujo del Madrid de principios de los 60, con su miseria, su hambre y su hipocresía. Con un crítico de teatro enamorado del teatro y de una mujer imposible. Y dos hermanas enfrentadas. La una, entregada al hogar y sus padres. La otra, frívola y vividora, frecuentadora de lujosos clubs nocturnos y amantes con dinero, que lucía joyas e iba y venía en coches deportivos.
Gemma Cuervo fue también una intérprete habitual, junto a su marido, Fernando Guillén, otro actor inmenso, de aquella televisión de los 60 y 70, con espacios como ‘Novela’ o ‘Estudio 1’, una televisión que en estos tiempos terribles de involución parece de arte y ensayo. Con Gemma Cuervo se va una actriz que barnizó su talento con el trabajo y el aprendizaje continuo sobre las tablas. Otros tiempos.