Infrarrojos

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a la secretaria general del PSOE-A, María Jesús Montero, clausuran el XV Congreso Regional del PSOE de Andalucía | Francisco J. Olmo / Europa Press
Uno de los grandes retos para Pedro Sánchez y su manual de resistencia se ubica en las elecciones andaluzas, que no tienen fecha fija aún pero aparecen inquietantes (para el PSOE) en el horizonte de 2026

Uno de los grandes retos para Pedro Sánchez y su manual de resistencia se ubica en las elecciones andaluzas, que no tienen fecha fija aún pero aparecen inquietantes (para el PSOE) en el horizonte de 2026, con un socialismo andaluz sin estrategia definida, sin políticos de peso y cada vez con menos apoyos entre los ciudadanos. En las crónicas políticas de los años 90 era habitual esta ‘muletilla’: “La federación socialista andaluza, la más poderosa de España”. Otros tiempos. Porque el PSOE-A se disolvió, poco a poco pero imparablemente, en la mediocridad y las envidias. En las rutinas y el pesebre. Sus dirigentes se convirtieron en los nuevos caciques. “¿Cuándo se jodió el Perú?”, se preguntaba Mario Vargas Llosa. El PSOE-A se jodió bajo el mandato de José Antonio Griñán, una verdadera calamidad política. Griñán apostó decididamente por los mediocres y no logró evitar una atmósfera tóxica que envileció el partido. Apadrinó a Susana Díaz y a Mario Jiménez. Con cualquiera de los dos, el PSOE-A estaba abocado al fracaso electoral. Mejor hubiera sido Mario (superviviente todavía en Huelva y en el Parlamento), porque siempre tuvo un gen de lealtad al partido que debió heredar de Tomás Seisdedos, legendario secretario de Organización de los socialistas onubenses. Aquellos sí eran políticos de primer orden. De raza: Carlos Sanjuán, Carlos Navarrete, o el recientemente fallecido José Antonio Marín Rite. ¿Qué queda? Nada. Y la nada, como advirtió un escritor, se nadifica. De modo que existen encuestas que ubican al PSOE como tercera fuerza en Andalucía, por detrás de PP y Vox, en Almería y Huelva, según ‘El País’. Huelva, sí, la provincia que porcentualmente más votó a los socialistas en España durante años. El PSOE onubense es una historia de lucha obrera que inició Carlos Navarrete en la clandestinidad. 

¿Qué han hecho los actuales dirigentes de Huelva para llegar a este punto? Y a María Jesús Montero le aguarda una travesía llena de obstáculos. Lo ha escrito Lourdes Lucio: “El agravio prende rápido en Andalucía y Montero es la principal interlocutora con las formaciones independentistas que apoyaron la investidura de Pedro Sánchez”. Los andaluces, pues, no pueden distinguir ya entre lo que les puede aportar el PP y Vox, y lo que significa el PSOE. Gravísimo. Esa es una de las consecuencias de haber convertido en infrarrojo y caciquil un partido, el socialista, del que en Andalucía solo empiezan a quedar rescoldos. Que Ramón Rubial (ya nadie lo recuerda) los perdone.