La hoguera
El incendio de la política española continúa, sin ningún atisbo de ser controlado por nadie, completamente ajeno a aquel verso del poeta José Hierro: “El hombre es fuego y es lluvia, lo hace el odio y el perdón”. O lo que escribió Francisco Umbral en ‘La forja de un ladrón’: “Los colegios barrocos y las górgolas, el sol, como un hidalgo, paseando los viejos claustros. Una guerra civil de vez en cuando”. El odio y el guerracivilismo, pues. El odio tiene como objetivo principal a Pedro Sánchez, a quien han insultado los jóvenes en los conciertos bajo el cielo rojo del crepúsculo agosteño. En la Historia de España han sido muy breves los períodos en los que ha gobernado la izquierda. Este es un país de derechas de toda la vida. Pero Sánchez resiste porque es el gran teórico de la resistencia. Y Salvador Illa se reunió en Bruselas con Puigdemont la pasada semana para hablar de los Presupuestos, se supone, porque no se ha hecho público el contenido de la conversación, en un encuentro minuciosamente preparado por Zapatero que, desde luego, no es ‘Bambi’, como maliciosamente lo llamó en su día Alfonso Guerra desde su ideología psocialista/ infrarroja. Daniel Gascón ha escrito de Sánchez en ‘El País’: “Su esperanza es que la exasperación del contrario se convierta en frustración”.
Y es eso. Sánchez ha expresado su intención de agotar la legislatura aunque no se aprueben los Presupuestos, consciente de que el principal obstáculo para unas nuevas cuentas no está en Junts, sino en Podemos, cuya estrategia política la diseña Pablo Iglesias desde un bar del barrio madriles de Lavapiés, con esa genética envenenada y tradicionalísima de la división de la izquierda, que tan acertadamente plasmó el ya fallecido dramaturgo Jerónimo López Mozo en ‘Anarchía 36’. El presidente resiste, sí, pero muy dolido por las imputaciones judiciales a su mujer y a su hermano. “Hay jueces haciendo política, que son minoría, pero hacen un inmenso daño a la Justicia”, ha asegurado. Esas palabras resultan comprensibles en el ciudadano Sánchez. Pero nunca en un presidente de Gobierno. Porque se daña a las instituciones, y las instituciones españolas ya están suficientemente heridas. Y lo que aguarda tras el descrédito de la política es la motosierra, aquí en manos de Vox, partido de la derechona que se ha disparado en las encuestas. “Franco, Franco”, gritan algunos cuando Mastantuono salta al Bernabéu. Se acabaron las vacaciones y nos enfrentamos de nuevo a la falta de prestigio de la realidad.