La Preysler
Francisco Umbral acudió a principios de los 80 a formular una entrevista a Julio Iglesias y en un pasillo de la mansión lo saludó una jovencísima Isabel Preysler. Y contó muchas veces Umbral que confundió a esta señora con “una sirvienta chinofilipina”. El error (voluntario o involuntario) del maestro resultó monumental. Porque Isabel Preysler lleva más de 40 años en la cumbre de la actualidad, en su universo de película real de Disney, entre lujo y una lluvia constante de glamour, con sus amores y desmayos del alma, deslumbrantes portadas del ‘Hola’, y bidés de oro. En el mundo han ocurrido durante estas décadas muchas cosas, todo ha cambiado sustancialmente al punto de hacer del pasado algo irreconocible, pero la figura de la Preysler sigue igual. Es como si viviera instalada en un tiempo indefinido en el interior del papel couché, en una irrealidad de novedades rosas, y por ahí no transcurriera el tiempo salvo en la cita de cada miércoles en el quiosco con el lector. Y en la reciente multitudinaria presentación de su libro biográfico, ‘Mi verdadera historia’, los periodistas le preguntaron por la relación con sus sucesivas parejas, Julio Iglesias, Carlos Falcó, Miguel Boyer y Vargas Llosa, y la ahora ‘socialité’, antes ‘Reina de corazones’, respondió: “He tenido muchos amores. Pero el amor de mi vida ha sido Miguel Boyer”. Boyer fue un socialista de clase media y luego socialista adelfinado, que durante un tiempo incluso se rumoreó que podría suceder a Felipe González al frente del Gobierno, pero que con su romance con la Preysler derivó en un socialista con marquesas de porcelanosa, que provocó cierto escándalo entre el sector más progresista del PSOE y terminó entregando el carnet. Boyer se dedicó a ganar dinero y a vivir su historia, después de dejar claro que el PSOE no era un partido rojo, sino un psocialismo infrarrojo, en el que se iban a diluir las utopías con las que arrancó la Transición.
Isabel Preysler es una señora admirable que debió aburrirse mucho durante los años de relación con Vargas Llosa, porque un escritor necesita silencio y espacio para la reflexión. Pero la Preysler es tan actualidad ahora como hace 40 años, mientras Julio Iglesias se ha convertido -literalmente- en una patética careta de sí mismo. Durante sus años junto a ella, Iglesias, Falcó, Boyer y Llosa, simplemente fueron los señores de Preysler. Y ella ahí sigue, pasados los siglos, tensa y tersa, invitándonos a saborear un delicioso ‘Ferrero Rocher’.