Las derechonas
Las derechonas han creado la plataforma ‘Atenea’ con la finalidad de generar ideas, aunque ya se sabe que desde ese ámbito del espectro político más que las ideas priman los intereses. Iván Espinosa de los Monteros, exdirigente de Vox, enfrentadísimo ahora a Santiago Abascal, es el padre de la criatura, que consiste, según ha escrito Manuel Jabois, en “un tanque de pensamiento, un ‘think tank’, un laboratorio de ideas, una plataforma ideológica: cuantos más nombres tenga algo, menos claro está para qué sirve”. La multitudinaria presentación, en un hotel madrileño, acogió a la España de bien, de derechas y católica de toda la vida, aunque el escritor Juan Manuel de Prada ya advirtió hace meses en una radio que parte de esos/esas políticos/políticas “únicamente son católicos de cintura para arriba”.
Las derechonas, decíamos. Los tertulianos insisten en radio y televisión en que el Gobierno y el PP están incurriendo en tan enormes equivocaciones que Vox crece en intención de voto sin que sus dirigentes hagan nada, absolutamente nada, pues se limitan a vivir del error ajeno. Es incierto. Abascal tiene un programa ideológico inspirado en la testosterona y en vencer a la España árabe y barroca con la espada de los Reyes Católicos, porque la derechona considera que fuera de su entorno España solo es un parado a la sombra de la Giralda disfrutando de ‘la paguita’. Pero Vox se ha enquistado desde hace mucho en el tercer lugar de la política española, tras las dos grandes formaciones del viejo bipartidismo, y de ahí no sale, mientras en Europa (desgraciadamente) las encuestas ubican a la ultraderecha en primer lugar a la hora del voto desde Portugal a Francia pasando por Alemania. El acto de ‘Atenea’ reunió, sí, a lo que alguien llamó ‘la guapa gente de derechas’, a algunos políticos interesantes y a algún individuo inquietante. Ahí estuvo Cayetana Álvarez de Toledo, una intelectual de primer orden, que escribe con prosa de brillo en la que se adivinan detrás muchas lecturas, y habla suavemente con ese tono suramericano que cultiva una reducida élite del Madrid político o financiero. Y gente inquietante, como Víctor de Aldama. Pero casi todos eran de la España que triunfa en los negocios y en la vida, la España que ansía volver porque siempre mandó aquí, aunque lleve algunos años de frustrante espera, porque al frente del Ejecutivo sigue inasequible al desaliento un tipo pegado a su manual de resistencia: Pedro Sánchez. El ‘sanchismo’. Esos rojos resentidos.