Más derechas
Veo en el teatro la obra ‘American Buffalo’, de David Mamet, escrita en 1975, que trata sobre tres perdedores, parias de la tierra, que malgastan las horas del día en una tienda de segunda mano, entre conversaciones y discusiones absurdas, y que planean dar un golpe para recuperar una moneda de cinco centavos que creen valiosísima. Les saldrá mal. Al final de la función, mientras paseo, pienso que esos tipos desorientados y zurradísimos por la vida votarían ahora a Donald Trump. Y al día siguiente leo asombrado que David Mamet, dramaturgo y cineasta, un clásico moderno ganador del Pulitzer y de un Oscar, que describió como nadie el final del sueño americano, se ha entregado al ‘trumpismo’. Es el signo envenenado de los tiempos. Lo ha escrito Josep Ramoneda en ‘El País’: “Es la presión de las fuerzas hegemónicas del capitalismo la que marca esta deriva hacia la extrema derecha que está hundiendo a personajes que parecían que se iban a comer el mundo; entre ellos Enmanuel Macron, quien vive sin vivir en sí, con una pérdida constante de autoridad y poder”.
La extrema derecha, o sea, la derechona, está absorbiendo (también aquí, claro) el voto de un amplio sector desencantado de la izquierda (como los desempleados mayores de 50 años), y está arrebatando continuamente votos a la derecha tradicional. En España, el PP hace seguidismo de Vox, no lo combate. Porque la derecha moderada sufre una especie de alucinación admirativa hacia la derechona, y por ello anda detrás de ella en determinadas iniciativas políticas polémicas, no por cálculo electoral, sino por convicción. Por empatía ideológica. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, y todo el grupo municipal popular, naturalmente, votaron la semana pasada a favor de la moción de Vox sobre la necesidad de informar a las mujeres que quieran abortar de un supuesto síndrome posaborto, algo en absoluto probado científicamente. El PP secundó tal iniciativa (aunque rectificó en 24 horas) por convencimiento, por afinidad, aun consciente de que cuando el Gobierno de coalición tiene problemas esgrime inmediatamente la cuestión del aborto. Porque el PP piensa así, es derecha/derecha con algún matiz de moderación. Por eso los 33 diputados de Vox en el Congreso a veces fagocitan a los 137 del PP. Y porque resulta difícil luchar contra la Historia. Y la Historia, ahora, nos lleva en todos sitios hacia el fascismo. Malos tiempos, insisto. Escribo temprano y en domingo. Nace un nuevo día. Pero la vida se enfría.