Luis Eduardo Siles

Más Feijóo

Feijóo tiene un carisma político válido para Galicia, pero que no cuaja en el resto de España, algo parecido al problema de Rajoy
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. | Europa Press.
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. | Europa Press.

Alberto Núñez Feijóo no es un político decididamente desdichado en su eterna espera para llegar a la presidencia del Gobierno, una espera que se hace ya tan amarga como la de Doña Rosita para alcanzar el día de su boda en la obra de Federico, porque Feijóo, decíamos, puede mirarse en la desdicha de Le Cornu (una doble desdicha, política y de apellido, en el chiste fácilón), el espejo del desplome de ‘le grandeur’ de Francia. Feijóo tiene un carisma político válido para Galicia, pero que no cuaja en el resto de España, algo parecido al problema de Rajoy, un extraordinario parlamentario y orador que no logró ‘pasar la batería’, como dirían los viejos actores, pese a alcanzar la presidencia del Gobierno. Feijóo se hace sosote en sus discursos, elaboradísimos por otra parte, muy gallego siempre, cuando el personal lo que reclama en estos tiempos de atronadoras turbulencias políticas es una fuerte dosis de ‘lerele’ desde el estrado, lo que acierta a dar Pedro Sánchez.

La pasada semana estuve con una veterana senadora del PP y sentí al escucharla la nostalgia de los políticos bien formados, humanos, preocupados por la ‘cosa pública’, conscientes del déficit de preparación de los más jóvenes. Me habló de la época de los pactos en España. Y recordé la frase de Haro Tecglen: “La vida es un pacto”. Feijóo tal vez sea un político de pactos que no encuentra con quien suscribirlos, y sus barones los rubrican con Vox sobre un papel envenenado como las páginas de aquellos inquietantes libros de ‘El nombre de la rosa’, la monumental novela de Umberto Eco. Escribe Soledad Gallego Díaz en ‘El País’: “Feijóo parece incapaz, por el momento, de diseñar una política que le diferencie de Vox, y es evidente que existen posiciones internas enfrentadas respecto a cómo afrontar ese problema”. Porque Feijóo llegó vendiendo gestión, pero no ha podido gestionar nada, dado que está fuera del Ejecutivo. Y últimamente se está topando con los graves errores de gestión de sus barones, desde el terrible día de la dana de Mazón, al que no se ha atrevido a cesar, a los cribados del cáncer de mama de Juanma Moreno. Además, claro, del incomodísimo debate para su partido sobre la interrupción voluntaria del embarazo abierto por los populares madrileños. Con la exclamación de Isabel Díaz Ayuso: “¡Váyanse a abortar a otro lado!”. Feijóo parece anclado en la soledad de su despacho de la sede de la calle Génova, como aquel coronel de García Márquez que no tenía quien le escribiera. Ánimo Alberto.