Un líder
Me lo dijo un dirigente local socialista de la provincia de Huelva en la remota época en la que Felipe González, presidente del Gobierno, era un líder total y deslumbrante para ellos, más aún, era “Dios”, como algún año después se le escuchó decir involuntariamente a Txiqui Benegas, motorola en mano, en la primera gran filtración de las entonces denominadas nuevas tecnologías: “Mira amigo, Felipe, no a la OTAN, y luego que sí, y todos detrás de él, ahí hay un líder ‘cohones”. El escritor Juan Manuel de Prada sostiene que Pablo Iglesias es el político más brillante que ha dado España desde FG. Pero Pedro Sánchez es el líder más sólido y auténtico que ha surgido aquí en los últimos lustros. En la comparecencia en el Senado ante la comisión de investigación del ‘caso Koldo’ impuso su autoridad en todo momento, parapetado tras unas gafas de montura sólida y amplia como las que llevaban los escritores de los años 70 en el Café Gijón, Sánchez, decíamos, ante las atropelladas preguntas formuladas con torpe rapidez por parte de Alejo Miranda de Larra, un senador veterano y desconocido del PP, que seguirá siendo desconocido. Lo ha escrito Manuel Jabois en ‘El País’: “Alejo Miranda de Larra tiene un problema que es el problema de la mitad de España con Pedro Sánchez: su odio le afecta a la inteligencia, se la erosiona, pierden los estribos, acaban todos como esas gitanas a las que no les compras el romero y te echan siete maldiciones por la calle”. Y es eso. A Sánchez lo odian como en su día odiaron despiadadamente a Felipe, “váyase señor González”, aunque ahora esa misma derechona ensalce por interés edulcoradamente al expresidente socialista.
La dirigencia del PSOE ha tomado conciencia de que ni PP ni Vox le hacen ya excesivo daño político, de que los populares se consumen en su ansiedad por alcanzar un Gobierno inalcanzable, Feijóo se hace políticamente anciano en su despacho de la calle Génova envuelto en esa nebulosa de melancolía como la del coronel que no tenía quien le escribiera de la novela de García Márquez, pero los dirigentes socialistas perciben el riesgo que suponen algunos jueces, después de lo que en su día lanzó, y reitera, José María Aznar: “El que pueda hacer que haga”. Pero Pedro Sánchez resiste en el límite de la lucidez y el peligro. Lleva siete difíciles años de Gobierno bajo el desafío continuo de la España eterna. Pero ahí estaba, en la Cámara Alta, frente al trompicado senador Miranda. “No me consta”. Ni tan mal, efectivamente.