Yolanda Díaz
El anuncio de Yolanda Díaz de que no será candidata en las próximas elecciones generales supone una noticia de enorme calado, que ha quedado sepultada en la actualidad por los macabros juegos geopolíticos de guerra global de Donald Trump, que amenazan con conducir al mundo a la película ‘El planeta de los simios’, cuando Charlton Heston halla desolado sobre la arena de una playa la Estatua de la Libertad rota. Díaz fue la ministra más valorada por los ciudadanos en las encuestas durante largo tiempo, sobre todo en la pandemia. El Papa Francisco la recibió en el Vaticano, ella vestida de blanco, y algunos exclamaron desde la ultraderecha: “¡Reunión de comunistas!” Pero de tan blanco, y con tan frecuentes elogios hacia Pedro Sánchez, hay quien terminó por identificar a Díaz y al partido Sumar con la marca blanca del PSOE, y de ahí la paulatina decadencia de Sumar, que ahora busca refundarse, bajo la premisa de evitar que Abascal sea vicepresidente de un Gobierno presidido por Feijóo.
Son tiempos de oscuridad para toda la izquierda en el mundo. No se vislumbra luz por ningún sitio. Las utopías de cambiar la vida desde el progresismo siempre anidaron en los jóvenes, tanto en las universidades como en las fábricas. Pero ahora los jóvenes dicen que votarán a Vox. Ningún partido progresista puede responsabilizarlos de nada. La responsabilidad radica en los políticos que han extendido desde hace tiempo la sombra de la decepción haciendo torpe burocracia antes que auténtica política. Alejados de los intereses del personal. Rilke insistía en que había que cambiar el mundo. Pero ahora muchos identifican el cambio con el verde del chaquetón de Abascal en los mítines de Castilla y León.
A Díaz la llamaban en Sumar “Yo-Yolanda”. Por su ego descontrolado. Ella lo repite en las entrevistas radiofónicas: “Yo, yo…”. Acaba de decirle públicamente a Pedro Sánchez que él “siempre ha estado en el lado bueno de la historia”. Y esos elogios confunden a las bases de la izquierda/izquierda, para las que el PSOE permanentemente ha representado una socialdemocracia conservadora o directamente derechista. Así desde la ‘bodeguiya’ de FG. La izquierda/izquierda busca ahora un nuevo liderazgo desde la desesperación de aquella frase de Baudelaire: “Cumplid vuestros destinos, almas desordenadas, y huid al infinito que en vosotros lleváis”. Sostiene Díaz en el Congreso: “Yo represento a la dignidad de la gente trabajadora de este país”. Firmado: Yo-Yolanda.