Mayte González Gallegos

El estilo también sana

La moda no solo viste el cuerpo, también envuelve el ánimo. Hay días en los que elegir un conjunto se convierte en un gesto de equilibrio, una forma de sostenerse cuando todo se desordena
Tienda. - 123RFtkasperova
Tienda. - 123RFtkasperova

La moda no solo viste el cuerpo, también envuelve el ánimo. Hay días en los que elegir un conjunto se convierte en un gesto de equilibrio, una forma de sostenerse cuando todo se desordena. Un pantalón bien cortado puede levantar el ánimo más que una charla motivacional. Un perfume puede devolver la confianza que se perdió con una decepción. Unos zapatos nuevos, por simples que sean, pueden recordarnos que seguimos caminando.

No se trata de superficialidad, sino de consciencia. La forma en que nos vestimos comunica cómo estamos y, al mismo tiempo, puede influir en cómo nos sentimos. La psicología del color lo confirma: el negro protege, el blanco limpia, el rojo empuja, el azul calma. No es casualidad que las personas cambien de estilo después de una ruptura o de una etapa difícil, a veces sin pensarlo. Nuestro reflejo evoluciona al mismo ritmo que nuestra vida.

El armario es una especie de biografía silenciosa. Guarda lo que fuimos y lo que queremos ser. Las prendas tienen memoria: un vestido de un verano feliz, una chaqueta que acompañó una mudanza, unos tacones que ya no usamos pero nos recuerdan que supimos brillar. La clave está en aprender a soltar lo que pesa y conservar lo que inspira. La moda tiene poder cuando se elige con intención.

Cuidar el aspecto no es vanidad, es respeto y amor propio. Detrás de un look cuidado hay un mensaje de presencia, de recuperación y de energía. Al vestirnos, decidimos qué versión de nosotros sale al mundo, y esa elección puede sanar. No hay que gastar fortunas, solo elegir desde la verdad, desde lo que conecta con el momento vital actual. A veces, una camisa limpia y unos labios pintados son el mejor comienzo de día.

La elegancia no está en seguir tendencias, sino en usar la moda a favor de uno mismo. En entender que la ropa no tapa heridas, sino que las acompaña mientras cicatrizan. El estilo también sana porque refleja el proceso de reconstruirse sin renunciar a la belleza de seguir adelante.