Miguel Andréu

Cuando el fútbol deja de ser juego

A la vista de lo ocurrido, una vez más comprobamos que el deporte, y en concreto el fútbol, ha dejado de ser lo que era para convertirse en un campo de batalla permanente
El Cartel de la Cabalgata de Reyes de Sevilla del Ateneo. | Ateneo
El Cartel de la Cabalgata de Reyes de Sevilla del Ateneo. | Ateneo

La reciente polémica surgida en torno al cartel de la Cabalgata de los Reyes Magos de Sevilla -por la aparición de una camiseta del Betis- supera con creces los límites de lo razonable. Su autor, el pintor Fernando Vaquero, de reconocida y contrastada trayectoria pictórica, no solo ha tenido que justificar una decisión artística absolutamente inocua, sino que además ha recibido insultos y amenazas a través de las redes sociales. Todo por un detalle mínimo en una obra que pretende anunciar una de las noches más hermosas y emocionantes del año para miles de familias sevillanas.

A la vista de lo ocurrido, una vez más comprobamos que el deporte, y en concreto el fútbol, ha dejado de ser lo que era para convertirse en un campo de batalla permanente. Un territorio donde las emociones se exageran hasta el extremo y donde cualquier elemento -por insignificante que sea- se interpreta como un ataque o una provocación. Y lo peor es que esa crispación, lejos de quedarse en los estadios, ha colonizado también la conversación pública. Culpable de ello son también los dirigentes de los clubes: no tiene sentido ninguno que Pepe Castro, vicepresidente del equipo de Nervión, exprese públicamente su queja por este detalle del cartel. Si un dirigente actúa de ese modo, deja la puerta abierta a que los “aficionados” hagan cualquier cosa.

Resulta difícil de comprender que un simple guiño artístico pueda desencadenar semejante reacción. El Betis y el Sevilla forman parte del ADN de esta ciudad. Son dos colores que conviven, que llenan las calles, que alimentan sanas rivalidades y que, sobre todo, representan a Sevilla en todo el país. No deberían ser excusa para levantar trincheras donde no las hay. Mucho menos para cuestionar un cartel que, al fin y al cabo, solo pretende anunciar un acontecimiento tan luminoso como la noche de los Reyes Magos. Quizá este episodio deba llevarnos a una reflexión más profunda. Si un detalle pintado en un cartel es capaz de generar amenazas, ¿qué dice eso de nosotros como sociedad? ¿En qué momento la pasión dejó de ser alegría para convertirse en hostilidad?

Sería bueno recordar que el fútbol es juego, identidad, tradición. Y que la Cabalgata es ilusión, infancia y belleza compartida. Confundir esos planos o utilizarlos para alimentar resentimientos solo empobrece a la ciudad. Sevilla es más grande que sus rivalidades futbolísticas, y mucho más hermosa que la furia que algunos eligen exhibir desde el anonimato de un perfil social.

Ojalá este cartel sirva para algo más que anunciar la llegada de Sus Majestades. Ojalá nos recuerde que los símbolos de la ciudad -todos, incluidos sus equipos- pertenecen a todos. Y que solo desde el respeto y el sentido común podremos disfrutar de lo que realmente importa: la magia de la noche más esperada del año.