Miguel Andréu

El error se repite

Las elecciones autonómicas vuelven a ofrecer una fotografía reveladora del momento político que atraviesa España. La nueva derrota del PSOE en Aragón, después de lo ocurrido meses atrás en Extremadura...
Pilar Alegría confirma que siguen las "conversaciones" para renovar el CGPJ
Pilar Alegría confirma que siguen las "conversaciones" para renovar el CGPJ

Las elecciones autonómicas vuelven a ofrecer una fotografía reveladora del momento político que atraviesa España. La nueva derrota del PSOE en Aragón, después de lo ocurrido meses atrás en Extremadura, no puede despacharse como un tropiezo puntual ni como un simple ajuste del electorado. Empieza a configurarse una tendencia que se repite y que apunta a un cambio de fondo en el tablero político. La que fuera Ministra Portavoz, Pilar Alegría, ha concurrido “achicharrada” por sus comparecencias tras los consejos de ministros y creo que gran parte del fracaso puede deberse a eso.

Pero en ambos casos (Extremadura y Aragón), el socialismo pierde el respaldo suficiente para gobernar y evidencia dificultades para conectar con una parte de su base tradicional. El desgaste de gestión, la falta de un relato convincente o la desconexión con determinadas preocupaciones territoriales han terminado pasando factura. Lo relevante no es solo la derrota del PSOE, sino lo que viene después.Porque estas elecciones no fortalecen de manera clara una alternativa estable. Al contrario, dejan parlamentos más fragmentados y gobiernos más condicionados. Y en ese contexto emerge con fuerza un actor que ya no puede considerarse secundario. La notable subida de VOX es el elemento que realmente altera el escenario.

La extrema derecha ya no irrumpe de forma puntual ni depende del voto protesta. Se consolida, se normaliza y se convierte en pieza clave para formar mayorías. Su crecimiento no solo modifica los equilibrios parlamentarios, sino que desplaza el debate político y endurece posiciones, obligando al resto de partidos a moverse en un terreno cada vez más polarizado.

En este contexto, el PP vuelve a comprobar que el adelanto electoral no siempre es sinónimo de ventaja. Por segunda vez, la estrategia se queda a medio camino. Gana en votos y es el partido más apoyado, pero no logra el refuerzo que buscaba. Incluso retrocede ligeramente y se encuentra con el mismo dilema: si quiere gobernar, tendrá que hacerlo con VOX.

La paradoja es clara. Los adelantos pretendían despejar incertidumbres, reforzar liderazgos y facilitar gobiernos estables. El resultado ha sido el contrario: mayor dependencia, pactos más incómodos y una extrema derecha con capacidad real para condicionar políticas y agendas. VOX no necesita liderar gobiernos para avanzar; le basta con ser decisivo.Persistir en errores ya conocidos, o minimizar el alcance de estos resultados, solo contribuirá a que ese nuevo escenario se consolide sin debate ni reflexión. Y ese, probablemente, sea el riesgo mayor.

Aragón y Extremadura son dos avisos consecutivos de que el sistema entra en una fase distinta, más frágil y más fragmentada. El bipartidismo se fue para no volver, a la vista de estos últimos resultados, que pueden considerarse como termómetros de lo que ha de venir: elecciones en Castilla y León el próximo mes de marzo y en Andalucía, probablemente, en el mes de junio. Y de ahí hasta 2027, que vendrán las generales. Veremos, por tanto, si los termómetros autonómicos han funcionado.