Así ‘NO’ habló Zaratustra

Fermín Vallecillos y Alí. | VIVA
Artículo de opinión de Fermín Vallecillos Olvera, miembro de ASANA.

Con mi amigo Alí he charlado de todo, o sea, de filosofía y religión, terminando la mayor parte de nuestras conversaciones en lo mismo: «evolucionismo vs. creacionismo». Una manía compartida que se mantiene desde hace casi veinte años, formando parte de nuestro mundo.

Alí, es musulmán pero sin dogmatismo. Yo, del equipo de la duda inquieta. Y en este último día de charla, sabiéndonos mortales, le pregunté:

—En qué punto de la creación consideras que te encuentras?

Se quedó pensativo, quizás preparando una de sus respuestas bien atadas. Aprovechando la pausa, añadí:

—¿Estás al inicio de la creación… al final?

—Yo creo que estoy en toda ella —respondió al fin—. Tanto en el principio como en el final.

Me sorprendió. Pero sabiendo que era hombre de fe, vi la respuesta congruente. Él define  su «Islam» desde su propia etimología: «sumisión a la voluntad de Dios». Días atrás me dijo que, desde Adán hasta Muhamad, todos los profetas eran musulmanes, algo que empecé a entender mejor ahora (entenderle a él, digo).

—Entre lo natural y lo sobrenatural, hay un «salto» —le dije—: un mundo material, y otro después… aunque a veces sueltas que la materia es energía.

—Tú, tan racionalista que te las das, alguna vez has dicho que religión y ciencia comparten el mismo origen —replicó. Su mirada decía «sé lo que vas a responderme», pero me callé para contradecirlo.

Estábamos en la terraza de la cafetería de costumbre. Él su café, yo un té de bolsa. A veces saltábamos de un tema a otro como dos cabras en un risco, y así de pronto le enseñé unas fotos de unos flamencos que había tomado en el Zoobotánico de Jerez (estoy en un estudio de la lateralidad animal).

Alí, psicólogo recién jubilado, sigue atendiendo a algunos clientes, la mayoría de ellos con alteraciones depresivas (él nunca dice «pacientes»). Su mayor virtud: escuchar. Un incansable estudioso de los trastornos que genera la existencia. En el 2007, en un convenio con el United States Department of State, estuvo conferenciando en Boston, New York y Washington para unos programas de integración de las minorías musulmanas.

—¿Y cómo va tu libro? —preguntó.

—Voy ganando páginas. Este último Camino de Santiago me aclaró la mirada, como si le  hubiera pasado un limpiaparabrisas. Estoy realmente contento con el proyecto.

Él sabía de las páginas que había perdido en un cambio del Word. Se intentó recuperar los datos, pero fue inútil. Muchas horas robadas al límite que se quedaron en «nada», y abandoné,… no quería repetir el esfuerzo, ni dejarme la vista en el monitor. Pero el Camino hizo Fénix.

—Bien —dijo, y continuó—: Volviendo a lo mismo, para los musulmanes, religión y ciencia van unidas, no se contradicen, yo mismo soy un creyente racionalista, como los filósofos cordobeses Averroes y Avicena

—¿No Mencionas a Ibn Tufail? ¡Ohhh! Fue quien mejor intentó unir el pensar humano con la teología —le respondí con cierto orgullo y malintencionada serendipia.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó sorprendido—. ¿Te estás haciendo musulmán como Blas Infante? —añadió con ironía, y después— : ¡Hay que ver las conversaciones, para grabarlas!

Sonreímos.

—No es mala idea. Cuando llegue a casa tomaré nota —y añadí solemnemente—: Sé quién era Abentofail, porque precisamente, nació en... mi pueblo: Guadix.

Después discutimos si Blas Infante llegó a convertirse al Islam (su hija lo negaba). Yo, después, mencioné a Tomás de Aquino, con sus  cinco pruebas para demostrar la existencia de Dios (ninguna funciona). Yo insistía que ciencia y fe no pueden ir juntas. Al seguir la callada como respuesta (silencio estratégico), volví a la carga:

—¿No dijiste el otro día que la razón (no el ateísmo) es lo más opuesto a la religión? —y con más ganas de hablar, seguí—: La religiosidad resta espiritualidad. Dan todo resuelto, sin ningún esfuerzo del buscador, amputando oportunidades de filosofar. ¿Para qué cocinar con el plato en la mesa?

—¿Y qué sentido tiene la fe sin la duda? —replicó Alí.

¡Ah! ¿Tienes dudas?, —dije, y seguí—: El Islam, rehuye imágenes a los que arrodillarse, los creyentes son «paganos» de la fe.

Tras larga pausa, respondió:

—Todo está en el Corán. Nada se dice, ni se inventa, que no esté ahí de alguna forma.

—Algo más, Alí: ¿qué crees que hay entre la «nada» y la «creación»? —Quería desconcertarlo, antes de levantarnos de la mesa.

—Un mandato divino. Sé, y fue la creación —respondió.

Después dijo:

—Hoy te toca, ¡paga! —y el pago fue (la consumición).