Una ciudad que se mueve… cuando quiere

Autobús urbano de El Puerto. | VIVA
Artículo de opinión de José Manuel Caballero, de Unión Portuense.
José Manuel Caballero. - Viva.

Por circunstancias de la vida, he tenido que dejar aparcado mi coche y convertirme, durante varias semanas, en un usuario más del transporte colectivo urbano de El Puerto, los autobuses. Una experiencia que ha resultado reveladora, aunque no precisamente por motivos positivos.

En este tiempo he podido comprobar de primera mano lo que muchos de mis paisanos vienen denunciando desde hace meses en redes sociales: autobuses con puertas que no cierran correctamente o directamente sujetas con presillas para que no se caigan, goteras en el interior cuando llueve, vehículos sucios y una absoluta falta de puntualidad, casi siempre provocada por averías constantes. He vivido cómo la línea 2 puede hacer esperar a los usuarios más de una hora. Lo que debería ser una excepción se ha convertido en la norma.

Pero lo peor no es solo la incomodidad o el tiempo perdido sin explicación. Lo más injusto es que los conductores, que hacen lo que pueden con los medios de los que disponen, sean quienes reciben los enfados y reproches de los usuarios. Ellos no son responsables del estado lamentable de los vehículos ni de que los horarios no se cumplan. Son trabajadores que se enfrentan cada día a una ciudad que exige puntualidad mientras conducen autobuses que parecen salidos de un museo.

Nuestro alcalde ha anunciado recientemente la gratuidad del transporte urbano para todos los portuenses, una medida que, sin duda, puede ser bien recibida. Pero antes de regalar los viajes, urge contar con un pliego que garantice autobuses en condiciones y horarios que se cumplan. Porque de poco sirve que el transporte sea gratuito si el autobús no llega, si llueve dentro o si la puerta se abre en cada curva.

El Puerto merece un transporte urbano digno, eficiente y seguro. No se trata de lujos, sino de derechos: el derecho a moverse por la ciudad sin mojarse por una gotera, sin tener que sujetar una puerta con la mano y sin jugar a la ruleta rusa con los horarios. Si esta situación la sufro yo ahora, muchos vecinos llevan años padeciendo esta injusta y persistente calamidad.