Montero o la incongruencia

Rafael Belmonte, diputado por Sevilla en el Congreso de los Diputados, sobre la ministra Montero

La vicepresidenta del Gobierno y candidata segura al fracaso en las próximas elecciones andaluzas, María Jesús Montero, acaba de prometer la construcción de cien mil viviendas públicas en Andalucía después de no construir una sola en esta Comunidad como número dos de su Gobierno. Así es ella: la expresión misma de la incongruencia. Dice lo contrario de lo que hace y hace lo contrario de lo que dice. Su credibilidad está por los suelos. ¿Quién se va a creer lo de esas cien mil viviendas cuando, en plena campaña electoral de 2023 Pedro Sánchez prometió 183.000 en toda España y en todos los años del Gobierno de progreso… de unos pocos -los Ábalos, Cerdá, ¿Zapatero, Leire Díez and Company- se han construido en toda España apenas 17.800 y, de esas, ni una en Andalucía?

Cuando dice la señora Montero que, con ella, Andalucía va a recuperar el tiempo perdido en políticas de vivienda, no sabemos muy bien a qué tiempo perdido se refiere: si al tiempo que ella, como número dos del Gobierno de Sánchez, ha dilapidado en esta comunidad, donde no ha sido capaz de entregar una sola vivienda; o a ese tiempo que muchos ciudadanos andaluces han perdido hasta hace apenas unos días por los retrasos y fallos ferroviarios, no exentos de tragedia nacional.

Ironías aparte, le ahorro al lector el suspense: Sánchez volverá a incumplir y no hará nada de lo que a bombo y platillo está anunciando en materia de vivienda. Aparte de por incompetencia, porque a la izquierda no le interesa resolver este problema de los jóvenes. Lo que le conviene es azuzarlo e instrumentalizarlo políticamente para crear enemigos imaginarios y movilizar así el voto radical. Los hechos son tozudos: Juanma Moreno ha hecho en Andalucía casi la misma vivienda pública (13.000) que Sánchez y su número dos en toda España.

Pero la falta de coherencia de la señora Montero no es una característica residual de su propuesta en vivienda. Es su constitución esencial como dirigente, lo que mejor la define, el atributo distintivo de su trayectoria. Políticamente, Montero es un apellido desdoblado:Montero&Montero.La Montero de Madrid y la andaluza no es que sean dos Monteros diferentes, sino que son opuestas, de modo que lo que dice la Montero madrileña es lo contrario de lo que asegura la sevillana. Y si en materia de vivienda es una contradicción andante, en materia de financiación territorial, su metamorfosis política ha sido incluso más flagrante.

Cuando estaba en la Junta de Andalucía, Montero defendía sin matices la multilateralidad en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, rechazaba cualquier principio de ordinalidad que consolidara ventajas para las comunidades más ricas y advertía de que no cabían privilegios territoriales que quebraran la igualdad entre españoles; hoy, desde el Ministerio, ampara un esquema singular pactado bilateralmente con Cataluña, y presenta como avance lo que entonces consideraba una cesión inaceptable. La Montero consejera exigía un modelo común, transparente y solidario.La Montero vicepresidenta justifica un acuerdo diferenciado, un traje a medida para Cataluña pactado con ERC con el único objetivo de que su jefe pueda mantenerse en Moncloa.

El ‘donde dije digo, digo Diego’ es también su seña de identidad en política sanitaria, donde hizo la mayor parte de su carrera política. Ahora se convierte en enemiga de los conciertos sanitarios, respaldando la laminación de la colaboración público-privada programada por su ministra de Sanidad, Mónica García: la médico que tiene soliviantados a los médicos, tal es la consideración en la que la tienen sus propios compañeros. Resulta que el Gobierno del que Montero es número dos planea derogar la actual Ley de Sanidad que ordena los conciertos, publicando una nueva norma que pondrá todas las dificultades del mundo a los acuerdos con el sector privado que ella promovió más que nadie en Andalucía.Pues, efectivamente, no ha sido con Juanma Moreno, sino con ella como consejera de Salud, cuando más conciertos con clínicas privadasse han firmado en Andalucía. Lo dicho: una contradicción andante.

Con un cabeza de cartel de estas características, es comprensible que algunas encuestas predigan que el PSOE se encamina hacia los peores resultados electorales de la historia en Andalucía.