La Tribuna de Viva Sevilla

La singularidad andaluza

Rafael Belmonte, diputado del PP por Sevilla, nos habla de la singularidad andaluza frente a la polarización nacional
Imagen de Juanma Moreno y María Jesús Montero. - AI
Imagen de Juanma Moreno y María Jesús Montero. - AI

En esta España de la gresca y la polarización permanente azuzada por el Gobierno central, Juanma Moreno ha logrado convertir a Andalucía en una comunidad verdaderamente diferente. De la singularidad andaluza, hoy los andaluces nos podemos sentir más orgullosos que nunca, porque no es sólo una identidad histórica y cultural asombrosa, sino que es hoy una diferencia positiva en casi todos los campos. Y sobre todo es una singularidad que, lejos de utilizarse como instrumento de separación, o como argumento para la insolidaridad, la discriminación y la confrontación, es hoy por hoy seña de estabilidad, inclusión, igualdad y solidaridad.

La Andalucía de Juanma Moreno es diferente, y lo es, porque, al contrario de la España crispada y en permanente conflicto que ha generado el Gobierno Frankestein, se ha convertido en un territorio confiable para las empresas y los ciudadanos, en el que los dirigentes públicos se afanan en solucionar problemas, y no en generarlos artificialmente para sobrevivir en el poder, y en el que las políticas se aplican a aquellas cuestiones que inciden realmente en la calidad de vida de las personas, como la generación de empleo, la captación de inversiones, la modernización económica a través de la transformación digital y la transición energética, la protección de los servicios públicos universales, la solvencia financiera y la reducción de la deuda, la disminución de impuestos, la garantía hídrica y un sinfín de terrenos más en los que no se han dejado de producir avances en estos años de gobierno del PP andaluz.

Hay quien habla del “milagro andaluz”. Pero el milagro no consiste en otra cosa que en trabajar y en dejar trabajar, y en afanarse en lo realmente productivo y de interés para las personas. Fuera del ruido, la polémica y la política espectáculo, lo espectacular en Andalucía son los result
ados. El equipo de Juanma Moreno ha logrado colocar la deuda andaluza en los niveles más bajos de los últimos doce años y está, de hecho, entre las cinco comunidades con menos deuda, dejando sin argumentos a la señora Montero, que por la única singularidad por la que trabaja es por la singularidad catalana del cupo: una singularidad separatista, insolidaria y sobre todo caradura, que pretende por toda la cara que los españoles nos hagamos cargo de la deuda generada por el independentismo irresponsable, inconstitucional y chantajista. El próximo año, Andalucía alcanzará lo que parecía impensable cuando Juanma Moreno llegó a San Telmo, que es la plena autonomía financiera: la solvencia necesaria para recurrir a los mercados sin necesidad de la financiación estatal.

Y esto ha sido posible, entre otras razones, porque Andalucía es hoy sinónimo no de solo de austeridad y eficacia en el gasto público, sino también de empuje económico y empresarial, incluso en la industria, tradicionalmente el flanco más débil de nuestro tejido productivo. Derribando tópicos y demostrando ambición de futuro, en junio de este año, Andalucía se mostraba como la comunidad líder en crecimiento industrial en España, con un incremento interanual del 19%, muy por encima de la media nacional. Asimismo, Andalucía viene liderando la creación de empleo en España, habiendo aportado una de cada tres personas que abandonan el desempleo en nuestro país. Por cierto, que Andalucía es también, y hace bien Juanma Moreno en reivindicarlo para desmontar viejas leyendas negras, la comunidad con menor absentismo laboral de toda España.

En la carta de presentación que el presidente de la Junta de Andalucía puede esgrimir ante inversores nacionales y extranjeros, brilla por tanto con luz propia la pujanza económica y empresarial andaluza. Rompiendo nuevamente clichés, ahora somos la comunidad autónoma con más empresas y el tercer PIB de España. Nuestras exportaciones siguen batiendo records, siendo la tercera comunidad española más exportadora y generando un superávit de la balanza comercial que contrasta con la situación de la balanza española. Hemos logrado convertirnos asimismo en una comunidad inmensamente atractiva para los proyectos relacionados con la economía digital y la transición energética y el desarrollo de los proyectos renovables se ha desarrollado en Andalucía con una paz social verdaderamente indicativa del modo razonable en que se han conciliado los objetivos relacionados con la descarbonización, la protección del paisaje y la biodiversidad y la dinamización del medio rural.

Y todo ello se ha logrado fortaleciendo al mismo tiempo los servicios públicos universales que son la base del Estado del Bienestar, que en la Andalucía de Juanma Moreno no están en riesgo, ni lo han estado, ni lo estarán nunca, en contra de toda la retórica sin fundamento y a la desesperada de la oposición. Recientemente, y a pesar del descenso de la natalidad, el Gobierno andaluz anunciaba la contratación de más de 6.500 nuevos docentes, de los que más de 2500 se dedicarán a centros que concentran a la población vulnerable. Nunca la Educación ha estado más atendida y nunca se han hecho más esfuerzos por arreglar los desaguisados de la política sanitaria socialista heredada, que tienen en la arquitecta del cupo catalán a una de sus principales responsables, con abandono del Hospital militar incluido. El gran acierto de Juanma Moreno ha sido apostar por reforzar los servicios públicos, sin renunciar para ello a la colaboración público-privada y sin poner piedras en el camino a la iniciativa privada que, como en el caso de la Universidad, vienen a enriquecer, complementar y diversificar la oferta pública.

Porque si algo ha sustanciado también la singularidad andaluza de estos años de Gobierno de Juanma Moreno es el definitivo empeño de no polarizar, creando falsas dicotomías, como el de educación pública o privada, como si no pudieran convivir ambas, o como el de actividad agrícola y medio ambiente, como si no fueran más sinérgicas que antagónicas. En este último campo, y después de haber declarado que su última legislatura tendría una prioridad específica en la mejora de la garantía de agua, Juanma Moreno ha multiplicado las inversiones necesarias para la actividad agrícola del regadío, apostando sin complejos por la modernización, las balsas de riego, la reactivación de las presas abandonadas, así como por las infraestructuras de regeneración y desalación que pueden contribuir a un mix hídrico sostenible. La agricultura no es enemiga del medio ambiente, ambas pueden y deben ser aliadas, y lejos de la demagogia instalada en Moncloa, el Gobierno andaluz lo está demostrando con sus políticas, dirigidas al mismo tiempo al estímulo de la productividad agrícola, la protección de la soberanía alimentaria y lucha contra el cambio climático.

La singularidad andaluza, en definitiva, es que Juanma Moreno puede salir a la calle en cualquier rincón de Andalucía, y el riesgo mayor que corre es el de llevarse una ovación de los niños que están viéndolo en el cole de la otra acera. Es un político afable que, lejos del estruendo y la confrontación, se ha dedicado con todo su empeño al único objetivo de mejorar la vida de los andaluces y así es como es apreciado por la gran mayoría de andaluces. Igualito que el presidente del Gobierno, el mejor exponente de ese viejo refrán español que dice que el que, siembra vientos, recoge tempestades. Si Sánchez no puede pisar la calle sin que lo abucheen, es porque durante todos los años que ha estado en Moncloa no se ha dedicado a otra cosa que a cultivar el odio, la polarización y la bronca permanente y a crear problemas que no existían.