Menos miedo y más audacia para 2026
Pese al buen momento que vive Andalucía, hay realidades acuciantes, como la sanidad o la falta de vivienda pública, que afectan ya a cada ciudad, a las de todos.
Como aún andamos con los defectos del año viejo y apenas hemos tenido tiempo de desembarazarnos de los complejos, rutinas y tics cultivados los últimos doce meses, me voy a permitir incidir en uno de ellos, aunque de forma justificada. Me refiero a tener más presente lo que ocurre en el extranjero que en tu propia ciudad, aunque un caso me lleve del primero al segundo, ya que hay algo esperanzador en el hecho de que los dos primeros nombres propios más destacados del 1 de enero de 2026 no fuesen de andar por casa y lo hayan conseguido por sus gestos y sus palabras.
Hablo, en primer lugar, de Yannick Nézet-Séguin, el director de orquesta canadiense que ha dirigido este año el tradicional Concierto de Año Nuevo. La prensa ha elogiado tanto su virtuosismo al frente de la filarmónica vienesa, como ha vilipendiado el dudoso gusto de su vestuario, y en ambos casos hay que estar de acuerdo: se ha ganado que su foto acompañe en el diccionario la definición de “hortera”, pero, al mismo tiempo, y eso es lo importante, ha contagiado su entusiasmo, su pasión y su vitalidad a cuantos han presenciado -a través de una pantalla- el memorable colofón de la Marcha Radetzky, bajándose al patio de butacas para dirigir los aplausos del público. Puede parecer una tontería, pero gestos como los de Nézet-Séguin son los que permiten mantener la confianza en el futuro de la raza humana.
El otro nombre propio es el del nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que dicho así parece el del villano de una película de James Bond -a Trump, villano real, seguro que se lo parece, con la mente puesta en las elecciones de medio término del próximo noviembre-, y tampoco es que venga a cambiarnos la vida, pero su primer mensaje al frente de la capital oficiosa del mundo responde a un acto reflejo, casi a una necesidad que debería servir de ejemplo: “Gobernaré sin miedo y con audacia”.
La pasada semana, el candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García, apuntaba que quería gobernar “con valentía y alegría”. Hay cierta similitud entre una frase y otra, y aunque suenen y respondan a un eslogan, ambas parten de la misma necesidad compartida de hacer frente a la extrema derecha o de propiciar al menos un cambio de tendencia.
Como puede que no les parezca suficiente para empezar el año, y encima Trump se ha encargado de reventarlo todo poco después, siempre nos queda el recurso a la comedia como salvavidas, desde el humor sin filtro de Ricky Gervays en Mortality, harto de la “cultura de la cancelación”, a los vínculos que establecen los guionistas de Cachitos entre pasado y presente al ritmo de una canción: lo mismo vale el vídeo de un 600 para hablar del Peugeot de Pedro Sánchez, que el de Los Chichos cantando el tema de El vaquilla para recordarle a MAR que lo de victimizar a un delincuente ya estaba inventado.
Y si siguen sin encontrar motivos ni alicientes para afrontar el nuevo año con el mismo entusiasmo que Nézet-Séguin, recuerden que este año tenemos Mundial de fútbol y hasta eclipse total, el 12 de agosto, el primero en 114 años. Cuando llegue esa fecha veremos si es cierto lo que pronostica el informe de Oxford Economics: la caída de la actividad turística a causa del calor, camino de convertir a agosto en un mes proscrito, o a junio-julio en el nuevo tándem vacacional.
Un poco antes, en Andalucía, tendremos cita con las urnas. Moreno somete a examen su moderación y una estabilidad que debería servir para algo más que para presumir de cifras macroeconómicas; incluso puede arrogarse el mérito de haberla conseguido tras gobernar “sin miedo y con audacia” -de algún eslogan tendrá que tirar, aunque responda a otra necesidad-, pero no podrá ignorar otras realidades acuciantes, como la sanidad o la falta de vivienda pública, que afectan ya a cada ciudad, a las de todos.