Paz épica
Sólo un loco calificaría el estado mental más alejado de la paz (la furia) de algo épico. Se trata de la posición extrema al desacuerdo; desde el “no me gusta”, pasando por enfado, rabia, ira sin control, hasta el mayor grado de la perturbación: la furia, que de emoción intensa y pasajera ha mutado a sentimiento persistente, odio sin impurezas.
Lo que se estimaba duraría tres días, cubre ya varias semanas. Alejado de su origen griego, “epos”, referido a palabras, historias o poemas, la destrucción de Oriente Medio no marida con los versos.
Trump aspira a la exaltación y engrandecimiento de su persona particular, egocéntrica, narcisista y demente. No estamos frente a una leyenda de ficción, sino ante un hecho real de consecuencias inigualables para la entera humanidad, dados los abyectos avances armamentísticos de las principales potencias, con capacidad nuclear para destruir la faz de la tierra.
De qué sirve una orden de detención contra individuos, incluido Netanyahu, que atentan contra la seguridad humana, al margen del derecho internacional, si no se implementa sentencia alguna. Permitir la actuación ilegal es participar de ella, compartir responsabilidad por omisión del deber.
No basta con calificar de “crímenes de guerra” sin ejecutar el castigo. La impunidad se traduce en “licencia para matar” indiscriminadamente a inocentes.
La guerra en sí misma debería considerarse un crimen; deberíamos haberla trascendido y desterrado ya. Legislar contra ella (¡Ojalá!), la mayor ambición de los pueblos. La única guerra encomiable, contra el ego insaciable, nocivo para portadores y convivientes.
¿Y qué decir de quienes aplauden admirativamente a semejantes infames, adictos a la guerra? La señora Ayuso se exhibe del lado destructivo idealizando a un esperpento patológico.
Se le ocurrió ahora rendir homenaje, al tirano moderno, con el patético desvarío de celebrar en Madrid el cuatro de julio. Por qué no el quince de agosto, día de la independencia de la India, liderada por Mahatma Gandhi, símbolo mundial de la “No violencia” como método válido en favor de una “Paz épica”.
Por qué no el dos de diciembre, fecha de la abolición de la esclavitud… A ella le mola más el asalto al Capitolio.