Aún hay esperanza

Cartera. - pixabay.com

Artículo de opinión de Juan Manuel García de Quirós, de El Puerto.

Lo que voy a contar es totalmente verídico. Me ocurrió el pasado fin de semana en Granada y me devolvió la fe en las personas. Porque sí, aún hay esperanza. Aún quedan valores que uno creía extinguidos.

A veces creemos que los gestos nobles se han perdido, que la desconfianza y el egoísmo lo han devorado todo.

Os pongo en situación: Granada, esquina de la calle Cárcel Baja con Gran Vía, hora punta, la calle a rebosar. Caminaba buscando un sitio donde tomar algo cuando, de pronto, noto que alguien me toca la espalda y escucho una voz:
—¡Caballero, caballero!
No hago caso y sigo andando. En esa zona, cerca de la Catedral, suele haber mucha gente pidiendo. Vuelvo a oír:
—¡Caballero, caballero!
Y otra vez un toque en la espalda.
Con cierto fastidio y mala educación, me giro y le suelto:
—¡Que no te voy a dar dinero, y no me toques más la espalda!
Entonces ocurrió lo que no esperaba. Una chica, joven, de rasgos sudamericanos, me dice con toda la calma del mundo:
—Perdone usted, pero se le ha caído la cartera en la cuesta arriba. Aquí la tiene, puede comprobar que están el dinero y las tarjetas.
Me quedé inmóvil. No supe qué decir ni cómo reaccionar. Creo que ni siquiera le di las gracias. Cuando salí del aturdimiento, corrí a buscarla, pero ya había desaparecido entre la multitud de la Gran Vía.
Me senté en el escalón de una puerta y reflexioné. Sentí una vergüenza enorme por mi actitud. Me juzgué a mí mismo, y con razón. Pero también, en medio de esa mezcla de culpa y alivio, sentí algo bonito: esperanza.
A veces creemos que los gestos nobles se han perdido, que la desconfianza y el egoísmo lo han devorado todo. Pero no. Hay personas que siguen actuando desde la bondad más pura, sin esperar nada a cambio.
Sé que probablemente nunca leerás esto, pero desde aquí te doy las gracias. No solo por devolverme la cartera, sino por recordarme que aún existen personas maravillosas