Las comparaciones, a veces, resultan odiosas

Burka -
Defender la igualdad exige coherencia, incluso —y sobre todo— cuando el debate resulta incómodo.

En España tenemos la extraña habilidad de convertir en referentes de la verdad a cualquiera al que se le coloca un micrófono delante. Si no, que alguien me explique la falacia del argumento que expuso Ada Colau. Confieso que tuve que leer sus palabras varias veces. Me costaba creer lo que estaba leyendo.

Que alguien con ese nivel de argumentación haya sido alcaldesa de Barcelona dice mucho —y no precisamente bueno— del estado de nuestra política. Comparar el burka con el capirote de un nazareno de Semana Santa roza el esperpento y la frivolidad.

El capirote es una prenda que se viste de manera voluntaria, una vez al año, como expresión de fe o tradición, y que, tras la estación de penitencia, vuelve al altillo hasta el año siguiente. No responde a una imposición estructural ni condiciona la identidad de quien lo porta más allá de ese contexto concreto.

El burka, en cambio, simboliza para muchos una realidad muy distinta: la anulación visible de la mujer en el espacio público, la negación de su individualidad y, en no pocos casos, la expresión de un sistema que limita su libertad. Equiparar ambas realidades no es un ejercicio de tolerancia, sino una simplificación que ignora matices culturales, históricos y, sobre todo, la dimensión de los derechos individuales.

Resulta llamativo que ciertos sectores políticos, tan diligentes a la hora de denunciar el fascismo, el patriarcado o cualquier forma de opresión, eso sí, siempre que tenga relación con la derecha, guarden silencio ante prácticas que también afectan gravemente a la dignidad de la mujer. Ese doble rasero debilita su discurso y erosiona su credibilidad.

Y más aún cuando, tras casos tan graves como la ablación de una menor en Cataluña, la contundencia pública no siempre ha estado a la altura de la gravedad de los hechos. Defender la igualdad exige coherencia, incluso —y sobre todo— cuando el debate resulta incómodo.