La DANA política del PP valenciano

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Artículo de opinión de Juan Manuel García de Quirós, de El Puerto.

No seré yo sospechoso de esconder mis colores políticos. Pero una cosa es eso, y otra muy distinta es cerrar los ojos ante la evidencia o pretender que me hagan comulgar con ruedas de molino. La gestión del Partido Popular en la crisis de la DANA no ha podido ser más lamentable. No puedes exigir responsabilidades a otros cuando el máximo responsable de lo ocurrido está en tu propia casa. Eso de poner el ventilador a funcionar para repartir culpas puede servir un tiempo, pero al final la porquería vuelve a su sitio, y en este caso, el hedor apunta directamente a Mazón y al PP valenciano.

La dimisión de Mazón llega tarde, demasiado tarde. El PP ha perdido una oportunidad histórica de dar un golpe sobre la mesa y cortar por lo sano.

Cierto es que desde Madrid tampoco se han hecho las cosas como Dios manda. Nadie lo duda. Pero también es evidente que, si en Valencia hubiera gobernado la izquierda, las consecuencias políticas habrían sido muy distintas. Sin embargo, una vez más, la izquierda ha sabido jugar mejor sus cartas —como acostumbra— y saldrá prácticamente indemne de la crisis que azota a la Comunidad Valenciana.
La dimisión de Mazón llega tarde, demasiado tarde. El PP ha perdido una oportunidad histórica de dar un golpe sobre la mesa y cortar por lo sano. Pero no, ha preferido nadar y guardar la ropa antes que asumir decisiones valientes y ejemplares. Esa tibieza se paga.
A escasos meses de las próximas elecciones, el Partido Popular tiene ante sí una papeleta muy complicada. El bastión de votos que siempre tuvo en Valencia empieza a tambalearse, y recuperar la confianza ciudadana no será tarea fácil. Porque una cosa es gestionar una crisis, y otra muy distinta es esconderse de ella.
Una vez más, la izquierda demuestra que se mueve bien en el barro —nunca mejor dicho—, mientras la derecha se hunde en él. Y lo peor de todo es el papel absolutamente gris de Feijóo: sin dar un paso al frente, sin liderazgo ni pulso político. Cada día confirma más lo que muchos piensan: que el traje de aspirante a presidente del Gobierno le queda, sencillamente, demasiado grande.