Mezquindad y feminismo a la carta
Artículo de opinión de Juan Manuel García de Quirós, de El Puerto.
No puedo con las dos varas de medir de ese “feminismo” con el que nos quieren hacer comulgar. Ese que se rasga las vestiduras cuando conviene y mira hacia otro lado cuando el tema incomoda o no encaja en su discurso oficial. Van a Palestina a “luchar” contra la guerra con Israel y por los derechos humanos —bueno, más bien a montar una pantomima para la foto—, no seré yo el que defienda al estado israelí, pero callan ante la falta de libertad en Cuba o en Venezuela.
Ni una felicitación del Gobierno, ni una palabra de las feministas de pancarta. Silencio absoluto.
Y más ruin aún, callan cuando en pleno siglo XXI todavía hay países donde la homosexualidad o el adulterio se castigan como hace cientos de años. También guardan silencio cuando Ábalos y Koldo, en una conversación filtrada, se refieren a dos mujeres como “las dos putas”, a las que había que regalar unas pulseras para tenerlas contentas. “Para mear y no echar gota”, decían. ¡Ay!, si esas palabras hubieran salido de la bancada azul, otro gallo cantaría: tertulias encendidas, manifestaciones improvisadas y discursos a grito pelado. Pero cuando los comentarios machistas vienen de casa, toca hacerse la sorda. Y lo más triste es que tampoco se ha oído ni un murmullo tras la concesión del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado. Una mujer —sí, una mujer— que ha luchado a brazo partido contra el régimen autoritario y caciquil de Maduro, como antes lo hizo contra Chávez. Ni una felicitación del Gobierno, ni una palabra de las feministas de pancarta. Silencio absoluto. Quizá no interese enfadar al gobierno venezolano, ese mismo que tiene al país caribeño sumido en la ruina más absoluta. Así funciona este feminismo de quita y pon: indignado a ratos, complaciente otras veces, y siempre dispuesto a callar cuando la verdad incomoda. Un feminismo que selecciona sus causas, que elige sus víctimas y que predica igualdad… pero solo cuando conviene. Un feminismo a la carta. Servido, cómo no, según el menú político del día.