Mismo perro, distinto collar
Artículo de opinión de Juan Manuel García de Quirós, de El Puerto.
Asco, repugnancia, aborrecimiento… y un largo etcétera. Eso es lo que siento hacia la clase política que nos toca sufrir. Y lo confieso: prometí no escribir de política en este rincón quincenal, pero al final uno no es de piedra.
Lo curioso es que nunca, jamás, verán a un político decir: “Me equivoqué, lo asumo y me voy”. ¡Qué ocurrencia! Aquí la culpa siempre es de otro. “Tú, tú y tú”, y mientras tanto yo limpio como una patena.
No, no voy a defender ni a unos ni a otros. Mi breve paso por la política me enseñó una verdad absoluta: ellos miran únicamente por su propio ombligo. Lo demás, el interés común, la ciudadanía, el futuro… les queda tan lejos como la luna.
Repasen conmigo: Caso Guerra, Caso Bárcenas, Gürtel, Koldo… ¿Dimisiones? Cero. Y podíamos seguir: Prestige, Yak-42, ERE andaluces… más de lo mismo. La técnica es sencilla: balones fuera y ventilador en marcha, que el aire se lleve la porquería.
Años después seguimos igual. Lo de la DANA en Valencia fue de sainete: el Gobierno central acusando al autonómico, el autonómico al central, y los valencianos con el agua al cuello, literalmente. España entera viendo el espectáculo como si fuera una reposición de “Aquí no hay quien viva”.
Y qué decir de los incendios de este verano. Cierto, para prender fuego hace falta un malnacido. Pero con un plan de prevención decente quizá hoy Las Médulas y los Lagos de Sanabria no serían un paisaje lunar. ¿Consecuencias? Ya veremos. ¿Políticos responsables? Ninguno, claro. Todos a flote, nadando y guardando la ropa como si fueran campeones olímpicos de natación sincronizada.
No, no voy a defender ni a unos ni a otros. Mi breve paso por la política me enseñó una verdad absoluta: ellos miran únicamente por su propio ombligo. Lo demás, el interés común, la ciudadanía, el futuro… les queda tan lejos como la luna.
Conclusión: todos iguales. El collar cambia de color, de forma o de logotipo, pero el perro es siempre el mismo. Y, para colmo, nos muerde a todos con la misma dentadura.