¿Todo tiempo pasado fue mejor?

Balones de fútbol. | Kelvin Stuttard en Pixabay
Para entrenar se cogía el balón más viejo y despeluchado del vestuario. Entrenador solo había uno, que hacía de todo: entrenar, llevar el papeleo, recoger y lavar equipaciones e incluso, alguna vez, hacer de chófer.

Hay semanas en las que no sabes por dónde empezar el artículo para Viva El Puerto. Y eso que ha sido un fin de semana de relax con la firma de mi libro en Granada. Pero, de repente, me cruzo por la calle con Manolo, uno de mis entrenadores allá por los años 80, y me suelta: “Ne, a ver cuándo escribes algo de cuando tú jugabas al fútbol”. Y ahí lo tuve: el artículo de esta semana.

Hace más o menos un mes, mi hija mayor me escribió para preguntarme si podía llevar a mi nieto al fútbol. La respuesta, por supuesto, fue que sí. A la hora en punto ya estaba el abuelo en San Fernando recogiendo a David. Al pequeño no le faltaba un detalle: equipación con publicidad, chándal de la misma marca, botas de última generación, bolsa de deporte y hasta una botella de agua de esas que mantienen el frío. Pero mi sorpresa no fue esa.

Al llegar al campo de Bahía Sur me quedé de piedra. Varios campos con césped impecable, dos entrenadores, un recogepelotas, un ayudante grabando el entrenamiento… y lo que más me impresionó: al calentar, cada niño tenía su propio balón, recién estrenado y de la mejor marca del momento.

Miré años atrás y no sabía si reír o llorar. Era otra época, claro. Ni a mí ni a mis compañeros nos llevaban nuestros padres a entrenar o a los partidos. La bicicleta era nuestro medio de transporte, que dejábamos bien amarrada en la puerta del Polideportivo. 

Las botas de aluminio ni soñarlas; con unas Múnich o Patrick ya éramos afortunados. Ir uniformado al entrenamiento era ciencia ficción: cada uno llevaba lo que tenía en casa.

Para entrenar se cogía el balón más viejo y despeluchado del vestuario. Entrenador solo había uno, que hacía de todo: entrenar, llevar el papeleo, recoger y lavar equipaciones e incluso, alguna vez, hacer de chófer. Y si te entretenías después del entreno, las duchas te recibían con agua helada, auténtico hielo.

No sé si cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero en aquel Estudiante de la Playa, sin lujos ni comodidades, yo fui el niño más feliz del mundo.